Día: 1 julio, 2018

Mi Padre Es El Piloto

Mi Padre Es El Piloto

Cuentan que un hombre subió a un avión para viajar a Nueva York. Padecía de ansiedad y le daba mucho miedo volar. Tomó varias pastillas relajantes y procuró descansar un poco. En esto un niño de unos 10 años entró buscando su asiento y se sentó justo a su lado. El niño era muy educado, lo saludó y se puso a colorear en su libro de pintar. El niño no presentó rasgos de ansiedad ni nerviosismo al despegar el avión.

El vuelo no fue nada tranquilo, hubo varias tormentas y mucha turbulencia. En un momento dado hubo una sacudida muy fuerte en el avión, y aunque todos los pasajeros estaban muy nerviosos, el niño mantuvo su calma y serenidad en todo momento. ¿Cómo lo hacia?, ¿Por qué su calma? Se preguntaba aquel hombre.

Ya al final del vuelo, intrigado, le preguntó: “Niño: ¿no has tenido miedo?”. “No señor” – contestó el niño – y mirando su libro de pintar le dijo: “Mi padre es el piloto”.
Esta historia me recuerda al Salmo 130, uno de los más cortos pero sin duda de los más bellos de la Biblia:

“Señor, mi corazón no es ambicioso ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad sino que acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre”

Hay tiempos en nuestra vida que los sucesos nos sacuden un poco y nos encontramos en turbulencia. No vemos terreno sólido y nuestros pies no pisan lugar seguro. No tenemos dónde agarrarnos, y no nos sentimos seguros. En esos momentos hay que recordar que nuestro Padre  Celestial es nuestro piloto. A pesar de las circunstancias, nuestras vidas están puestas en el creador del cielo y la tierra.

Esa es la fe, la que nos alienta y nos da confianza en los momentos difíciles. Démosle gracias a Dios por la fe que nos ha regalado y pidámosle que nos la conserve y se la dé a aquellos que pasan por momentos de prueba…

Elaborado por: Boris Montoya, Mfc.

Fuente: https://www.reflexiones.cristianas.com/Mi-padre-es-el-piloto.html

Fecha: Domingo, 01 de Junio del 2018.

Hechos 12,7

”De pronto se presentó el Angel del Señor y la celda se llenó de luz. Le dio el ángel a Pedro en el costado, le despertó y le dijo: «Levántate aprisa.» Y cayeron las cadenas de sus manos.”
(Hechos 12,7)

Medicina En Gotas

Los Católicos decimos: Hágase la voluntad de Dios y no obligamos a Dios en el momento de una decisión, porque a Dios no se le decreta o impone. Él es misericordia y comprende nuestras debilidades.

Elaborador: Viviana Vega Pérez, Mfc.

El Evangelio de hoy: 1 julio 2018


XIII Domingo Tiempo Ordinario

 

Lectura del Santo Evangelio según San Mc 5,21-43

Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se le reunió mucha gente, y él se quedó en la orilla. Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies suplicándole con insistencia: “Mi hija se está muriendo: ven a poner tus manos sobre ella, para que sane y viva”.

Jesús fue con él, y mucha gente le acompañaba apretujándose a su alrededor. Entre la multitud había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con hemorragias. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado cuanto tenía sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor.

Esta mujer, al saber lo que se decía de Jesús, se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. Porque pensaba: “Tan sólo con que toque su capa, quedaré sana”. Al momento se detuvo su hemorragia, y sintió en el cuerpo que ya estaba sanada de su enfermedad.

Jesús, dándose cuenta de que había salido de él poder para sanar, se volvió a mirar a la gente y preguntó: “¿Quién me ha tocado?” Sus discípulos le dijeron: “Ves que la gente te oprime por todas partes y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’” Pero Jesús seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado.

Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había sucedido, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y libre ya de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la niña: “Tu hija ha muerto.

¿Para qué molestar más al Maestro?” Pero Jesús, sin hacer caso de ellos, dijo al jefe de la sinagoga: “No tengas miedo. Cree solamente”. Y sin dejar que nadie le acompañara, aparte de Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, se dirigió a casa del jefe de la sinagoga. Allí, al ver el alboroto y la gente que lloraba y gritaba, entró y les dijo: “¿Por qué alborotáis y lloráis de esa manera? La niña no está muerta, sino dormida”.

La gente se burlaba de Jesús, pero él los hizo salir a todos, y tomando al padre, a la madre y a los que le acompañaban, entró donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: “Talita, cum (que significa: ‘Muchacha, a ti te digo: levántate.’)” Al momento, la muchacha, que tenía doce años, se levantó y echó a andar. Y la gente se quedó muy impresionada. Jesús ordenó severamente que no se lo contaran a nadie, y luego mandó que dieran de comer a la niña.

📖  Palabra del Señor.