Día: 13 julio, 2018

Una Sola Fe (Ef.4,5)

Una Sola Fe (Ef.4,5)
No temáis. Esta cruz no es mi aguijón, sino el aguijón de la muerte. Estos clavos no me infligen dolor, lo que hacen es acrecentar en mí el amor por vosotros.

Autor: San Pedro Crisologo

Fecha: Viernes 13 de Julio del 2018.

Gálatas 1,23

”Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir.”
(Gal 1,23)

Fecha: Viernes 13 de Julio del 2018.

¿Ovejas de un mismo rebaño?

  • Liturgia<📖> Apologética
    De la Liturgia de la Palabra.
    XIV Sem. T. Ordinario
    Fecha: 13 de Julio de 2018

    Comentario: El evangelio de hoy nos muestra unas frases que quisiera reflexionar por ciertos detalles que nos interpelan y sirven de orientación para nuestra fe y crecimiento espiritual. Jesús utilizaba, casi siempre, un lenguaje coloquial, cotidiano, entendible hasta para los más sencillos, aunque hubo pasajes que no siempre explicó a todos sino a sus discípulos. Este es uno de ellos:

    “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.” (Mt 10,16). Una de las características de las ovejas es que son animales soberanamente sociables, idóneos de formar montones o rebaños excesivos (hasta con 1000 individuos) y sin un líder fijo, habitualmente el rebaño sigue al primer individuo que se arriesga a nuevos pastos.(1) Creo que tales características son por las que Jesús nos comparó con ellas, quería y quiere que seamos sociables, unidos, siguiendo a un líder que nos lleve a comulgar con Cristo y a beber de su fuente de vida. Pero también nos anima a ser astutos como serpientes y sencillos como palomas para zafarnos de las viles intenciones de los lobos.

    “Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.” (Mt 10,17-18). Esta frase es totalmente distinta a lo que profesan nuestros hermanos protestantes, ellos creen que por ser discípulos de Jesús tendrán derecho a una vida de confort, sin sufrimiento y con una abundancia más que cualquiera de sus adeptos. Alegan que Cristo ya sufrió por nuestros pecados, pero ¿Por qué entonces Jesús alerta de tales padecimientos?. Es lamentable que perciban el ministerio cristiano de este modo. La Biblia nos da pruebas suficientes de que es todo lo contrario, empezando por Jesús y terminando por sus seguidores; entonces ya dejemos de creer en falsos profetas y “supuestos” enviados de Dios. Entendamos que seguir a Cristo es estar dispuesto a transitar la empinada que lleva al calvario para morir al mundo y resucitar a la Vida Eterna.

    ”Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre” (Mc 9,38). Ésta es la variable común de todo aquél que no tolera las diferencias, muestra de esto es precisamente, la escena donde los discípulos le dicen a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» (Mc 9,38-40). Sin embargo Él les dice: ”No se lo impidan. El que no está en contra está con nosotros.” Cabe destacar que no somos los católicos los que siempre inventamos historias o epítetos despectivos de nuestros hermanos protestantes. Así que si somos vilipendiados por culpa del Señor, gloria a su Santo Nombre. Ojalá perseveremos hasta el final para salvarnos.

    Fuente: (1) Http://agronomaster . com/caracteristicas-de-las-ovejas/

    Preguntas para compartir:

    1.- ¿Qué otra explicación puedes darle a este pasaje del tema?

    2.- Cómo interpretas el hecho de ser y actuar como ovejas, serpientes o palomas?

    Elaborada por:
    Adelina Ruíz Mfc

Evangelio De Hoy

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 10,16-23

“En aquel tiempo dijo Jesús a los apóstoles: “Ved que os envío como a ovejas en medio de lobos. Sed, pues, astutos como serpientes, aunque también sencillos como palomas. Tened cuidado, porque os entregarán a las autoridades, os golpearán en las sinagogas y hasta os conducirán ante gobernadores y reyes por causa mía; así podréis dar testimonio de mí ante ellos y ante los paganos.

Pero cuando os entreguen a las autoridades, no os preocupéis por lo que habéis de decir o por cómo decirlo, porque en aquel momento os dará Dios las palabras. No seréis vosotros quienes habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Los hermanos entregarán a la muerte a sus hermanos, y los padres a sus hijos; y los hijos se levantarán contra sus padres, y los matarán. Todo el mundo os odiará por causa mía, pero el que permanezca firme hasta el fin, será salvo.

Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, pues os aseguro que el Hijo del hombre vendrá antes que hayáis recorrido todas las ciudades de Israel

Palabra del Señor

San Enrique

Enrique, nieto de Carlomagno y sucesor de los tres Otones, fue el más grande apóstol de la paz en el segundo decenio del siglo XI y uno de los más destacados promotores de la civilización occidental, colaborando a la labor del Papado y de los monjes de Cluny, de cuyo abad San Odilón fue gran amigo.

Seguramente, a la primera impresión nadie habría creído que bajo la pesada armadura de aquel caballero que cabalgaba con sus numerosas tropas por las grandes llanuras del imperio alemán, se escondía un santo.

Pasada ya la gloriosa restauración de Carlomagno, Europa, en el siglo x, vive una época de dejadez y brutalidad. Empiezan a aparecer los desastrosos efectos del feudalismo, la jerarquía eclesiástica está corroída por las investiduras y por doquier impera la ley del más fuerte.

Parece imposible que aún vivan personas santas, y menos aún que lo sea uno de los numerosos príncipes feudales. Nos hallamos en la corte del duque de Baviera Enrique el Batallador y de su esposa Gisela de Borgoña. En el castillo ducal se celebran grandes festejos porque ha nacido el príncipe heredero. Se le impone, como a su padre, el nombre de Enrique.

Los primeros años pasan plácidamente, pero pronto es víctima de la persecución; su padre ha sido vencido en una de las interminables guerras familiares y se ha visto obligado a huir. Sin embargo, las cosas volverán a su lugar; el padre recobrará el ducado con todas sus posesiones y Enrique podrá dedicarse al cultivo de las Letras, bajo la dirección de Wolfgang, el santo obispo de Ratisbona.

Wolfgang no sólo forma su inteligencia, sino también su voluntad, dándole una esmerada educación cristiana y una sólida piedad.

A la muerte de su padre, hereda el ducado y se convierte en uno de los príncipes de más porvenir de Alemania. Con su carácter recto y justiciero atiende a las necesidades de su pueblo, gobierna con mano al mismo tiempo fuerte y suave. Sabe comprender y no es vengativo. Prefiere perdonar que castigar y busca antes el provecho de sus súbditos que sus propios intereses.

En el año 1002, los electores del Sacro Imperio Romano-Germánico le nombran para el cargo imperial. Acaba de morir Otón III, sin sucesión directa.

La fama de Enrique, su sinceridad y nobleza, son reconocidas por todos, y saben que será el emperador ideal. La ascensión al trono imperial es para el duque de Baviera una empresa difícil. Surgen contrincantes que ha de vencer, sublevaciones para dominar, querellas entre los señores feudales, que ha de sofocar, pero Enrique con su fiel ejército atiende a todo.

Vence al rey de Polonia, rechaza a los bizantinos, interviene en los Estados Pontificios defendiendo los derechos de Benedicto VIII, el legítimo sucesor de Pedro. Con su prodigioso genio militar sabe triunfar, pero, diferente de muchos otros de su tiempo, no abusa de la victoria. La justicia rige todos sus actos.

Su actividad se extiende también a la reforma espiritual del clero.

En el año 1007 convoca, de acuerdo con las costumbres de su tiempo, un Concilio general en Francfort. Acuden los numerosos obispos del Imperio, que dictan severas normas disciplinarias. Después, Enrique procurará que se cumplan. Restablecido el orden en el Imperio y protegidas las fronteras, Enrique empezó a reinar con todo su poder. En el año 1014, junto con su esposa, fue ungido y coronado rey por el propio pontífice, en Roma.

Seguramente pocos reyes tuvieron, ya en vida, tan buena fama y muchos menos fueron venerados y gozaron del amor de sus súbditos como este nieto de Carlomagno…

Nació: Nacido en el año 972

Falleció: en 1024.

Fuentes: https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=620#

Fecha: Viernes, 13 de julio de 2018