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Católico, tu bautismo es verdadero

Pbro. Héctor Pernía, mfc

Tu bautismo es evangélico y cristiano. 

(134) a. Porque está en el Evangelio y porque te une e incorpora a Jesucristo: “vayan a todas las naciones y hagan a todos mis discípulos bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,18-20). Lo eres todo: evangélico, cristiano y católico desde el bautismo. Ahora di: ¡AMÉN! Y se fiel a ese amén en adelante.

b. ¡Esa es tu identidad para siempre! No dejes que el diablo te haga dudar de ella e ir contra ella. El buscará hacerte apostatar de la fe de tus antepasados, heredada desde los Apóstoles a través de la Iglesia, para llevarte bajo engaño a falsos cristos.

No tropieces cambiando tu bautismo por otro.

(135) a. Rendiremos cuenta ante Dios de nuestra fidelidad a Él, y eso pasa por el Bautismo. Dice en la Palabra de Dios:

b. “(…) Les he escrito esto pensando en aquellos que tratan de desviarlos, pues en ustedes permanece la unción que recibieron de Jesucristo, y no necesitan que nadie venga a enseñarles. Él les ha dado la unción, y ella les enseña todo; ella es verdad y no mentira. Así, pues, quédense con lo que les ha enseñado. Y ahora, hijitos, permanezcan en él; haciéndolo, tendremos plena confianza cuando aparezca en su gloria, en vez de sentir vergüenza ante él cuando nos venga a pedir cuentas” (1Jn 2,18-28).

c. Con el bautismo le decimos sí a Cristo y tenemos al Padre; pero si renegamos del bautismo ya recibido estamos renegando del Hijo y ya no tendremos al Padre. Porque Cristo mismo dijo: “quien me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre” (Lc 12,9).

d. ¡No hay varios bautismos; hay uno sólo y es para siempre! Así como hay un solo Dios, un solo Padre, y una sola fe; así, también, hay un solo bautismo (cf. Ef 4,5). No corras detrás de nuevas doctrinas y unciones.

Falsos pastores andan dispersando y dividiendo el rebaño de Cristo.

(136) a. Sobre ellos ya se nos advirtió en las Sagradas Escrituras: “Así como hubo falsos profetas en el pueblo de Israel, también entre ustedes habrá falsos maestros. Introducirán novedades dañinas, pero sin tardar se perderán por renegar del Maestro que los rescató. Muchos imitarán sus vicios, y por su culpa será desprestigiado el camino de la verdad. Los inspirará el amor al dinero, y se aprovecharán de ustedes con palabras engañosas. Pero su sentencia hace tiempo que está al acecho, y su destrucción es inminente.” (2Pe 2,1-2).

b. El pasaje bíblico dice: “… se perderán por renegar del maestro…” Recordando a aquellos que renegaron del bautismo que ya habían recibido y lo cambiaron por otro que un falso pastor les presentó luego de hacerles creer que el bautismo católico era falso e inválido. Por ese camino muchas almas han caído en el precipicio de la apostasía y necesitan de buenos samaritanos que las auxilien ayudándolas a reencontrarse con la unción de la cual se separaron pero que de sus almas nunca podrán borrar. Y es que la mayor parte de ellas no saben que esos falsos pastores las hicieron renegar de Cristo.

Bautizarse es una alianza con Cristo, y negar el bautizo es romper esa alianza.

(137) a. Un falso pastor jamás podrá garantizar a sus raptadas ovejas la verdadera Iglesia de Cristo.

b. Si en la Biblia se hablara de varios bautismos no habría inconveniente alguno en que un cristiano se mudara de un bautismo a otro nuevo; pero, como el bautismo es sólo uno (cf. Ef 4,5), romper el bautismo es al mismo tiempo, romper la alianza que nos unió a Cristo y caer en adulterio espiritual.

c. Llegará un día que ante Dios, muchos que dieron ese tropiezo e hicieron tropezar a otros, con mucho dolor espiritual dirán: ’Señor mío Jesucristo, yo no sabía que me estaban haciendo renegar de ti cuando me hicieron nuevamente bautizar fuera de la Iglesia Católica. Yo no sabía que esa realmente era tu Iglesia. Perdóname, ten piedad de mí que soy un pecador’.

d. Te invito a examinar 1Jn 2,18-25 las características del anticristo. Verás con sorpresa que refiere de una vez a quienes se apartaron de la unción bautismal y luego se dedicaron a hacer separar a otros.

Bautismo de niños, prefigurado en el Antiguo Testamento.

(138) a. El bautismo es para los cristianos advenimiento y realidad de lo que la circuncisión en el Antiguo Testamento preparaba como figura y sombra de los bienes por venir (cf. Col 2,11-12; 1Pe 3,21).

b. En la Antigua Alianza los israelitas sellaban desde muy temprana edad, a los ocho días de haber nacido, su pacto, su pertenencia y consagración a Dios (cf. Gn 17,12; 21,3-4). Adultos y niños, eran incorporados mediante un mismo rito, a una misma alianza. Así se hizo con Isaac (cf. Lv 12,3), con Pablo (cf. Flp 3,5), con todos los judíos; y aquel pacto era prefiguración del nuevo pacto, el cual se sella con el bautismo (cf. Jr 31,31-33).

c. Podemos así ver que el bautismo de los niños está en línea y coherencia perfecta con la voluntad de Dios revelada en la Biblia; está lleno de luz, y brilla, en él, todo el esplendor del plan de Dios trazado desde antiguo y llevado a plenitud por Jesucristo.

Bases bíblicas del bautismo de niños en el Nuevo Testamento.

(139) Tenemos evidencias de que en la Iglesia naciente fueron bautizadas familias completas, lo que abiertamente hace inferir que también los niños eran bautizados: la familia de Lidia (cf. Hch 16,14-15), la del carcelero (cf. Hch 16,32-33); la de Estéfanas (cf. 1Cor 1,16), la de Crispo (cf. Hch 18,8) y la de Cornelio (cf. Hch 10,1-48).

Negar el bautizo de niños es algo bíblicamente inconsistente.

(140) a. Si Dios no prohibió a los niños ser parte del viejo pacto mediante el rito de la circuncisión, ¿de quién podrían venir esas doctrinas que prohíben el acceso de los niños al bautismo, para que puedan gozar del nuevo pacto que es mucho más glorioso que el anterior (cf. 2Cor 3,5-12)? Dios jamás le negaría a los niños tan maravilloso don.

b. Sabemos que más que fuerzas humanas, es la fuerza del maligno intentando alejar de la mirada de las almas el bautismo que les lleva a la salvación. ¿Quién por encima de Dios para oponerse a que los niños sean recibidos por Cristo en su Cuerpo? Él mismo Jesucristo advirtió y dijo: “dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como ellos es el reino de los cielos” (Mt 19,13-15) ¡Y conste que hasta les impuso las manos (signo sacramental) y que al reino de los cielos se entra por el bautismo! Esto mismo lo reitera con más fuerza en Mt 18,1-7.

Jesucristo pasó por el bautismo ya desde niño. Míralo desde la cruz.

(141) a. Jesús le dijo a Santiago y a Juan: “¿…serán ustedes capaces de beber el cáliz que yo beberé y de ser bautizados con el mismo bautismo con el que yo me tengo que bautizar?” (Mc 10, 35-40); y dijo también: “Tengo que recibir un bautismo, y qué angustia siento hasta que no se haya cumplido” (Lc 12,50). Y fue en la cruz, justo al expirar, cuando anunció que ya su bautizo se había cumplido (cf. Jn 19,30). Pero dirás, ¿y qué tiene que ver eso con lo que anterior?

b. Jesús también sufrió y padeció de modo anticipado y en plenitud la agonía de su bautismo cuando apenas estaba en el vientre de su madre y enseguida luego de su nacimiento. ¡O es que tan pronto olvidamos la larga tribulación que sufrió, a causa de la sanguinaria persecución que Herodes desató para tratar de asesinarlo! Jesús, apenas recién nacido, sufrió el destierro; fue un emigrante como tantos desplazados de hoy que huyen ante la persecución. Allí estuvo Cristo, desde temprano, viviendo su bautismo. ¿Hay alguien que tenga ojos y no se dé cuenta de ello? Lo leído en Mc 10,35-40 y Lc 12,50 aquí tienen plena aplicación. ¿Quiénes son los que intentan impedir que los niños se bauticen, serán acaso nuevos Herodes?

Para bautizarnos, vamos con Cristo a la cruz, y no con Juan el Bautista al Jordán.

(142) a. El bautismo de Jesucristo eclipsa para siempre al de Juan el bautista. El propio Juan envió siempre a sus discípulos a recibir el bautismo de Cristo; y es que Cristo bautizaba más que Juan (cf. Jn 3,22-23; 4,1-2).

b. Su bautismo en el río Jordán queda totalmente desdibujado y desvirtuado si nuestras miradas quedan atrapadas allí y no se mira hacia donde miran y señalan las palabras del mismo Juan el Bautista: “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo… he venido a bautizar con agua para que él se manifieste a Israel… Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu Santo y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo” (Jn 1,24-31; Mt 3,11; Mc 1,8; Lc 3,16).

Todo lo ocurrido en el Jordán apunta hacia el bautismo en la cruz.

(143) a. Cuando al anunciar su bautismo Jesús nos señala su sacrificio por nosotros (cf. Mc 10,35-40; Lc 12,50), ¿acaso no tenemos que mirar a la cruz?

b. Los verdaderos cristianos contemplan a Jesús bautizándose en la crucifixión, más que en el mismo Jordán; y para ellos poderse bautizar en Cristo, a la cruz la miran, la aceptan y asumen tal cual como Él. Decía el gran San Ambrosio (340?-390 d.C.): “Considera donde eres bautizado, de donde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ahí está todo el misterio: Él padeció por ti. En Él eres rescatado, en Él eres salvado”[1]. Ver también: Rm 6,3-13; Mt 3,11; Mc 1,7-8; Lc 3,3-16; Hch 19,1-10.

Hay gente que dice: “No bauticen a los niños porque ellos no creen todavía”.

(144) Las falsas doctrinas que niegan que los niños creen, el propio Jesucristo las deja sin fundamento: en Mt 21,14-16, y citando el Sal 8,3, Jesús exalta la fe de los niños que le alaban, y denuncia la ceguera de los doctores de la ley que, sabiendo de punta a punta lo que decían las profecías sobre ÉL, y aunque lo tenían ante sus ojos, no reconocían que Él era el Mesías. Los niños, iletrados, les dieron una cátedra de fe a aquellos eruditos bíblicos, pero secos en la fe. Es realmente sorprendente que el propio Jesucristo ratifique que incluso los niños que aun maman también puedan dirigir alabanzas a Dios.

¡Para Cristo los niños sí creen en Él, pero para los judíos de aquel tiempo no!

(145) a. Jesús les dijo: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y los lancen al fondo del mar” (Mt 18,6; Mc 9,42).  Un mensaje para todos quienes niegan el bautismo de niños ¿Por qué coinciden estando del lado de los judíos y en contra de Cristo? Y en el versículo siguiente le advierte tenebrosos castigos a quien escandalice a los niños negándoles su fe.

b. Jesucristo no mandó a los niños a creer como los adultos. Él mandó, más bien, a los adultos, ser como los niños para entrar al reino de los cielos; y al reino de los cielos se entra por la puerta del bautismo.

c. Por la fe de los padres, ellos sin consultarles a los niños les ponen vacunas, les dan el nombre, los ponen a estudiar, los mandan a la escuela, los visten, les controlan la vida. Y lo hacen porque los aman y quieren para sus hijos el bien y lo mejor, aunque sus niños aún no sepan lo que les están haciendo.

Respuesta a objeciones sobre el bautismo católico.

(146) a. Acusan de inválido y anti bíblico bautizar niños. Dicen que está mandado por Dios que primero es necesario creer antes de bautizarse y se argumentan con Mc 16,16: “El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará”. Argumentan con este pasaje bíblico que los niños deben esperar a cuando sean más grandes, cuando puedan creer, para después bautizarse. ¡Qué error! Allí no se está prohibiendo el bautizo de los niños. Aclaremos ese pasaje. Tal vez desconocen que el Evangelio de Marcos fue escrito para paganos, sobre todo romanos que se convertían en cristianos; y que es de sentido común y lógico que para ellos, que no sabían nada de la Antigua Alianza y del Mesías, se les tuviera que exigir primero creer y luego bautizarse.

b. Esa condición, sin embargo, no aparece en Mt 28,18-20, justo cuando Jesús instituye el bautismo. A sus discípulos los manda primero a bautizar, y luego, a enseñar a guardar todo lo que Él les ha mandado; es decir, a creer.

c. El orden en ambos pasajes bíblicos es diferente, pero no contradictorio. Mientras el evangelio de Marcos está dirigido a romanos que se hacen cristianos, y el evangelio de Mateo es para judíos que se hacían cristianos. Los de origen judío tenían lo que no tenían los romanos: ellos sabían, ya desde niños, de la historia de la salvación y de la espera de la venida del Mesías.

d. Dicen también: “en el bautizo de la iglesia católica no hablan en lenguas, y por eso es inválido”. Dicen que eso sale en Pentecostés cuando los discípulos recibieron el Espíritu Santo y todos hablaron en lenguas. Tales hermanos adulteran la Palabra de Dios, ya que en Pentecostés no estaban bautizando a nadie. Ya los discípulos habían recibido el bautismo, y prueba de ello es que mucho antes el mismo Jesús en su vida pública les encargaba a ellos bautizar a los nuevos discípulos (cf. Jn 4,2). Y es que Jesús bautizaba muchísima más gente que Juan el Bautista (cf. Jn 3,22).

e. Muchas incoherencias deja sin fundamento su objeción. No muestran un solo pasaje bíblico donde diga que si no hablan en lenguas el bautizo es inválido. Al contrario, encontramos en la Biblia abundantes evidencias de bautizos, tanto del que practicaba Juan como del que instituyó Jesucristo, todos válidos, donde nadie estuvo hablando en lenguas (cf. Jn 8,38; Lc 3,21; Hch 16,1; 22,15-17). Y además, en Mt 28,18-20, cuando Cristo instituyó el bautismo no impuso esa condición o requisito. Nunca entre los primeros cristianos existió esa norma; por lo tanto. Esa exigencia no es sino una simple norma inventada por hombres.

¿Te gustaría conocer fuentes que demuestran el bautizo de niños en la Iglesia primitiva?

(147) a. A muchos les han dicho que el bautizo de niños comenzó a partir del siglo cuarto y que fue impuesto por el emperador Constantino. Eso no es verdad. No sé cómo se las arreglarán para eludir las siguientes evidencias y decir que son falsas o inventadas:

b. Ireneo de lyon (130-202 d. C.): “Porque vino a salvar a todos: y digo a todos, es decir a cuantos por él renacen para Dios, sean bebés, niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Por eso quiso pasar por todas las edades: para hacerse bebé con los bebés a fin de santificar a los bebés; niño con los niños, a fin de santificar a los de su edad, dándoles ejemplo de piedad, y siendo para ellos modelo de justicia y obediencia; se hizo joven con los jóvenes, para dar a los jóvenes ejemplo y santificarlos para el Señor”[2]. Ireneo fue discípulo de San Policarpo (Obispo de Esmirna); quien, a su vez, fue discípulo del Apóstol Juan.

c. Orígenes (185-254 d. C.): “La Iglesia ha recibido de los Apóstoles la costumbre de administrar el bautismo incluso a los niños. Pues aquellos a quienes fueron confiados los secretos de los misterios divinos sabían muy bien que todos llevan la mancha del pecado original, que debe ser lavado por el agua y el espíritu”.[3] Orígenes nació en Alejandría (Norte de África, y fue discípulo de Clemente de Alejandría y de Ammonio Sacas. Orígenes enseñó el cristianismo a paganos y cristianos. Viajó a Palestina en el año 216, tras ser invitado a dar conferencias sobre las escrituras, pues se caracterizaba por su gran erudición, llegando a ser un gran exégeta.

d. Hipólito de roma (? – 235 d. C): “Al cantar el gallo, se comenzará a rezar sobre el agua. Ya sea el agua que fluye en la fuente o que fluye en lo alto. Se hará así salvo que exista una necesidad. Pero si hay una necesidad permanente y urgente, se utilizará el agua que se encuentre. Se desvestirán, y se bautizarán los niños en primer término. Todos los que puedan hablar por sí mismos hablarán. En cuanto a los que no puedan, sus padres hablarán por ellos, o alguno de su familia. Se bautizará enseguida a los hombres y finalmente a las mujeres…”[4] Hipólito era un soldado romano al que se le asignó custodiar a prisioneros cristianos. Convertido por ellos a la fe, fue martirizado por asistir al entierro de otros martirizados. Fue presbítero en Roma, en donde vivió un tiempo como antipapa y se reconcilió luego con la Iglesia. Fue discípulo de Ignacio de Antioquía.

e. Cipriano de cartago (200-258 d. C.): “Pero en relación con el caso de los niños, en el cual dices que no deben ser bautizados en el segundo o tercer día después de su nacimiento, y que la antigua ley de la circuncisión debe considerarse, por lo cual piensas que alguien que acaba de nacer debe no ser bautizado y santificado dentro de los ocho días, todos nosotros pensamos de manera muy diferente en nuestro Concilio. Porque en este curso que pensabas tomar, nadie está de acuerdo, sino que todos juzgamos que la misericordia y gracia de Dios no debe ser negada a ningún nacido de hombre… Por otra parte, la fe en la Escritura divina nos declara que todos, ya sean niños o mayores, tenemos la misma igualdad en los divinos dones…”[5] Cipriano  era un escritor romano que de pagano se convirtió a cristiano y llegó a ser Obispo.

¿Es válido el bautismo echando agua en la cabeza? Es totalmente válido y bíblico:

(148) a. Pablo, por ejemplo, no fue sumergido en agua para bautizarse. El “se levantó y fue bautizado” por Ananías en la casa de Judas (cf. Hch 9,18; 22,16), y en aquellas casas no habían piscinas o tinas dentro donde lo pudieran sumergir.

b. Tampoco Felipe tenía suficiente agua en el desierto de Candasen para sumergir al etíope y bautizarlo (cf. Hch 8,27. 38-39).

c. Si el único bautismo válido fuese sumergiendo en agua a las personas, el mandato de Cristo de bautizar a todas las naciones (cf. Mt 28,18-20) estaría viciado de equivocaciones, ya no sería universal y el mismo Jesucristo ya no sería por lo tanto Dios. El bautismo habría quedado como un privilegio de élites, sólo para aquellos pueblos que contaran con agua donde poderse sumergir. Descartaría a quienes viven en desiertos, glaciares, enfermos en hospitales y casas de familia, presos en las cárceles y en tantos sitios del mundo donde las aguas están contaminadas. El príncipe de las tinieblas tenía que tener aquí metida su ponzoña como es su costumbre: oculto para no ser descubierto.

Bautizarse viene del griego ‘baptizé’ y significa sumergir

(149) a. Pero no se refiere a sumergir en agua literalmente hablando: ríos, piscinas, playas, etc. El cristiano al leer la Biblia entiende el significado de agua no pensando como hombres, terrenalmente, sino desde lo que significa en las Escrituras: el agua es el mismo Jesucristo (cf. Ez 47,1-12; Jn 3, 3-7; 4, 7-15; 7,37-38).

b. En la Biblia bautizarse significa sumergirse allí mismo donde Cristo se sumergió para bautizarse: en la cruz. ¡Quien reniega de ella reniega de su propio bautismo! (cf. Flp 3,18) Por eso fue que Él dijo: “El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9,62).

¿Cómo establecieron el bautismo los Apóstoles y la Iglesia naciente?

(150) a. Esto fue lo que ordenaron los Apóstoles en un manuscrito escrito aproximadamente en el año 45 d. C., llamado Didajé, o Instrucciones de los Apóstoles a los Gentiles, donde establecieron las normas morales, litúrgicas y de la organización de la Iglesia primitiva. En el numeral siete dice:

b. “En cuanto al bautismo, he aquí cómo hay que administrarle: Después de haber enseñado los anteriores preceptos, bautizad en el agua viva, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Si no pudiere ser en el agua viva, puedes utilizar otra; si no pudieres hacerlo con agua fría, puedes servirte de agua caliente; si no tuvieres a mano ni una ni otra, echa tres veces agua sobre la cabeza, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”[6].

¿Un niño nace con pecado? ¿qué es el Pecado Original?

(151) a. El hombre, al tomar “el árbol del conocimiento del bien y del mal”(Gn 2,17), “por la seducción del diablo quiso “ser como Dios” (Gn 3,5), pero “sin Dios, antes que Dios y no según Dios” (S. Máximo Confesor, ambig.). Tentado por el diablo, el hombre dejó morir en su corazón la confianza hacia su Creador (cf. Gn 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios[7].

b. Todos los hombres están implicados en el pecado de Adán. San Pablo lo afirma así: “Por la desobediencia de un solo hombre, TODOS [incluye a los niños] fueron constituidos pecadores” (Rm 5,19); “Como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…” (Rm 5,12). A la universalidad del pecado y de la muerte, el Apóstol opone la universalidad de la salvación en Cristo: “Como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo (la de Cristo) procura a todos una justificación que da la vida” (Rm 5,18)[8].

c. El pecado original en el niño es un pecado adquirido y no un pecado cometido por él; pero al adquirirlo quedó está afectado y, por afectado, necesita en consecuencia ser liberado, limpiado, redimido. Debemos llevar a los niños a bautizarles cuanto antes. El pecado original es un pecado adquirido por el niño porque fue cometido por otros y alcanzó a toda la humanidad y a él también.

El niño es inocente, pero no inmaculado.

(152) Lo dicen las Escrituras: “mira que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre” (Sal 50,7). También los niños, al igual que los adultos, necesitan y tienen todo el derecho a gozar de la redención de Cristo y de ir, en consecuencia, al sacramento del Bautismo. Este derecho es quizás mayor y más importante que todos los derechos humanos que el mundo dice defenderle y protegerle a los niños.

Negarle el bautizo a los niños es abandonarlos en el mundo viejo.

(153) a. Nada más perverso y propio del maligno es que, habiendo sido marcada toda la humanidad por el pecado del primer Adán, justamente, cuando en la plenitud de los tiempos Jesucristo alcanza a toda la humanidad la gracia de la redención por el triunfo de su resurrección, hayan quienes pretendan, en nombre del mismo Cristo, impedirle a los niños el bautismo para excluirlos del derecho a gozar del precioso y santo don de quedar incorporados en la humanidad redimida y ser parte de la NUEVA CREACIÓN. Véase: Is 65,17; 66,22; Col 1,15-17; 2Pe 3,13; y Ap 21,1-5. El diablo nunca va a decirle a quien engaña que vienen de él las cosas que el mismo incita a negar.

b. A la nueva creación inaugurada en Cristo se entra por el bautismo (cf. 2Cor 5,17). ¿cómo dejar a los niños fuera de ella? ¿Por qué impedirles el bautismo? “La Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento”[9].

[1] Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por Juan Pablo II (1 oct. 1992), Asociación de editores del Catecismo, Madrid, 1992, n.1225.

[2] IRENEO de Lyon, “Contra las herejías”, 2, 22, 4, en «Biblioteca Católica Digital»,  <http://www.mercaba.org/TESORO /IRENEO/05-3.htm>, (Ingreso: 27-07-2015).

[3] ORÍGENES “In Rom”, Com. 5, 9: EH 249. José Miguel Arraiz, en «apologéticacatolica.org»,  <http://www.apologetica catolica.org/Bautismo/BautismoN05.htm#_ftnref2>, (Ingreso: 27-07-2015).

[4] HIPÓLITO, “Tradición apostólica” 20,21.  José Miguel Arraiz, Op. cit.

[5] CIPRIANO DE CARTAGO. “A Fido sobre el bautismo de infantes”, 58. José Miguel Arráiz, Op. cit.

[6] DIDAJÉ, VII, (Instrucciones de los Apóstoles a los Gentiles), en «BCD», <http://www.mercaba.org/TESORO/didaje .htm# _Toc74525507>, (Ingreso: 02-08-2015).

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, n.397-398.

[8] Ibid, 402.

[9] CIC, 1250.


NOTA: te invitamos a nuestra biblioteca de video, y podrás conocer lo que enseñan los más importantes apologetas del momento:

HF-VIDEO / Bautismo de niños, ¿sumergir a las personas?

¿Se debe o no bautizar a los niños?

Liturgia< ?>Apologética
De la Liturgia de la Palabra.
Ciclo B. Octava de Pascua
Fecha: 03 de abril de 2018

Comentario
Es común oír en nuestros hermanos esperados, que los niños no deben ser bautizados, hasta tanto tengan edad racional, es decir, que conozcan el sacramento que están recibiendo; y para eso acuden a la Biblia mencionando citas y tergiversando el verdadero sentido de las Sagradas Escrituras.

En la liturgia de hoy, la Primera lectura, Pedro aparece dando instrucciones a la comunidad, para que sean bautizados y puedan recibir al Espíritu Santo. (Hch 2,38). Cabe destacar e, desde antiguo, ya estaba previsto, que toda criatura pudiera recibir al Espíritu Santo: “Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel, 3,1)

Y esto lo confirma el mismo Pedro cuando dice en casa de Cornelio: “Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo, le es acepto.” (Hch 10,34-35)

Los bautizados somos criaturas nuevas ungidos por el Espíritu Santo. Y al respecto dice el apóstol Pedro: “Ustedes saben cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El.” (Hech 10,38). Entonces, si el recibir el Espíritu Santo me dispone y prepara para una vida nueva, vivir y convivir con Dios (Rom6,4), ¿cómo es que vamos a negar a nuestros hijos tan grande gracia? Y me apoyo en las palabras de Pedro. (Hch 10, 47)

Hay varias citas, en el libro de los Hechos, argumentando que cuando se bautizaba una persona, o una familia, lo hacían todos los suyos, y se supone habían niños entre ellos ¿o no..?. Y para aquellos que argumentan que los niños no se deben bautizar porque no tienen pecado, Pedro les dice:

“ahora el bautismo que les salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo.” (1Pedro 3,21) Todo aquél que niegue el bautismo a sus hijos está frustrando el plan de Dios en sus vidas. Suena fuerte pero así lo dice la Biblia. (Lc 7,30) Así que, como reza un dicho en nuestra sociedad, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Busquemos el Reino de Dios que lo demás vendrá por añadidura.

Pregunta para compartir:

1) Busca en la Biblia, versículos, relacionados con el bautismo y comparte con tus compañeros!!

Elaborada por
Adelina Ruiz Mfc.

Yo recibo a Jesucristo como único Mediador y Él me recibió a mí desde mi Bautismo.

(Diálogo inspirado en el encuentro 

entre el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40)

 

FELIPE: EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO Y LA PARTICIPACIÓN EN LA MEDIACIÓN:

Desde el bautismo nos incorporamos a Cristo (Ef 1, 22-23; 5, 23. 29-30; 1 Cor 6, 15; 12, 12-31; Col 1, 18. 24; 2, 19), somos injertados en Él (Rm 6, 5), estamos en Él (1Cor 1, 30); dirigidos por Él (Ef 4, 16Col 2,19) y siendo hijos de Dios compartimos con Cristo todos los bienes de los cuales Él es heredero del Padre (Rm 8,17), y uno de esos bienes es el de ser Mediador. No estamos sosteniendo algo que contravenga las Sagradas Escrituras, más bien le estamos dando cumplimiento. Al buen servidor, Dios lo pone al frente de todo lo suyo Mt 24,46-47, y parte de todo lo suyo es MEDIAR, pues Jesucristo y el Padre son Uno (Jn 10,30). Lo suyo Dios lo comparte con el hombre; nos hizo a su imagen y semejanza (Gn 1,26). Como Abraham, la intercesión es un acto santo cuando la mente y el corazón están entregados totalmente a Dios (Gn 20, 17).

Está de manera muy clara la intercesión de los santos a nuestro favor en Tb 12, 12; el arcángel Rafael le dice así a Tobías y a Tobit: “Sepan pues que cuando ustedes, tú y Sara, estaban orando, yo fui quien presentó su oración delante de la Gloria del Señor. Y cuando tú enterrabas a los muertos, yo también estaba contigo”La posibilidad de la intercesión de los Santos también la encontramos en: Jr 15,1; Ap 5,8; 8,3-4.

ETÍOPE: ¿CÓMO REALIZA JESUCRISTO DICHA MEDIACIÓN?

FELIPE: ¿Con qué cuerpo lo hace? ¿Será que la Cabeza (Cristo) se separa de su Cuerpo (La Iglesia) para hacer la Mediación y después que lo hace se vuelve a Ella, su cuerpo?

ETÍOPE: Yo supongo, por lógica, que lo hará con todo su cuerpo completo.

FELIPE: Por supuesto, Jesucristo no se avergüenza de su cuerpo, de su Iglesia (Ef 5,29); Él la ama y por ella entrega incluso su propia vida. Negar que los miembros de la Iglesia puedan ejercer la mediación sería imaginarse a Cristo así: rechazando a su propio cuerpo, funcionando sólo con la cabeza, auto decapitándose.

Parece tan obvio, pero es tan necesario aquí recordar y tener presente que la Mediación la hace Jesucristo con todo su cuerpo, con todo su ser, y que no la hace sino con un solo cuerpo: EL SUYO. Está escrito que su cuerpo es la Iglesia que Él mismo instituyó sobre la base o las columnas de los Apóstoles (Ef 2,20Ap 21,14). Sólo queda por ubicar y responder… ¿Cuál es esa Iglesia fundada por Cristo cuyos miembros sean su Cuerpo y pueden legítimamente participar del misterio de la mediación?

ETÍOPE: ¿Esta participación en Jesucristo Mediador es lo que hace posible que en cualquier instante y presente existan millones de millones de personas intercediendo ante el Padre por millones de millones de seres humanos?

FELIPE: Todo eso es Cristo quien lo hace, pues Él es la Cabeza que dirige a todos los miembros de su Cuerpo. Los bautizados “Somos mediadores En Cristo, Por Cristo y Con Cristo”; nunca separados o paralelos a Él, sino siempre gracias a Él y mediante Él que dirige todos los miembros de su cuerpo. Para eso fuimos bautizados, le recibimos en su cuerpo y sangre en la Eucaristía, para eso oramos y para eso nos reconciliamos en el Sacramento de la Reconciliación: para SER UNO SOLO CON ÉL, Y PERMANECER EN ÉL.

ETÍOPE: ¿SE RECHAZA A JESUCRISTO CUANDO SE LE NIEGA A LA IGLESIA EL PARTICIPAR EN LA MEDIACIÓN?

FELIPE: Es fácil entender la lógica siguiente: lo que se niega de un brazo se niega también de la cabeza. Por ejemplo: si digo, “este brazo no es Carlos“, la cabeza respondería: “si mi brazo no es Carlos, ¿entonces yo quién soy? Porque el brazo es parte de mi cuerpo y cuando él siente también lo siento yo, al igual que todo el resto del cuerpo lo siente”. Si el brazo está sano y se siente bien, entonces la cabeza estará bien. Dígase igual de cualquier parte de mi cuerpo. Carlos diría: “Si te metes con alguna de mis partes te metiste con Carlos” (1Cor 12,12-31).

Písale un dedo del pie a un hermano esperado y exíjale por favor que su boca no se queje porque el asunto no fue con la boca sino con el dedo del pie. Hazle saber que todo lo que le haga a un católico bautizado se lo hace al mismo Jesucristo, pues ya es parte de su Cuerpo desde que se bautizó.

ETÍOPE: ¿HAY QUIENES NO PUEDEN PARTICIPAR EN ESA MEDIACIÓN?

FELIPE: Comprendo ahora que quien ha de estar preocupado es todo aquel católico que reniegue y se separe del bautismo recibido, pues desde entonces ya anda por voluntad propia desincorporado y opuesto al Cuerpo de Cristo y ya no puede por lo tanto mediar. En eso tienen toda la razón nuestros hermanos esperados, ellos renegaron del bautismo que una vez y para siempre recibieron en la Iglesia fundada por Cristo y por tal razón ya no participan en la Mediación e intercesión, a menos que recapaciten y retornen a la comunión con la Iglesia madre. Los hermanos esperados ya bautizados en la Iglesia Católica también gozan de tal legitimidad, pero se han opuesto a ejercerla; han renegado de ella, pero no la pueden borrar. No se la pueden quitar de encima por esto: “Una vez bautizado, bautizado para siempre” (Ef 4,30).

ETÍOPE: DEBERÍA HACERSE UN LLAMADO A LA REFLEXIÓN.

FELIPE: Cuando a un católico le dicen que ninguna persona puede mediar ante Dios sino sólo Jesucristo, están usando un lenguaje de doble sentido y peligroso, ya que introducen en la mente la idea de que estamos separados de Cristo: “El de un lado de calle y el católico del otro”. Aquí es donde aparece el engaño muy sutilmente escondido. Está atentando contra el cuerpo de Cristo, tal como le ocurrió a Pablo en Hch 9,1-5 mientras iba camino a Damasco que creía que sólo perseguía a hombres y mujeres y ni se le pasaba por la mente que era al mismo Cristo a quien estaba enfrentando. O sea, la negación se le está haciendo es al mismo Jesucristo porque los bautizados son miembros suyos. Es muy sencillo de entender: cuando una piedra lastima un dedo de mi pie, me lastima todo el cuerpo entero.

El arca de la alianza y el sacerdote: instrumentos de mediación.

Hb 9,5: El Arca: un lugar (En Dios) buscado por el pueblo como mediación para el perdón.

El cielo lo alcanzamos llevando con 

orgullo y amor, con total entrega a Dios

la Cruz de Cristo.

TAL COMO LO HICIERON LOS GRANDES SANTOS.


NOTA: Para ampliar y complementar este tema puedes ver
De Frank Morera: Jesucristo, el único Mediador, nos hizo a todos Intercesores.

Con Fernando Casanova: María Reina Mediadora (1)


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No se necesita sumergir a una persona en un río para que un bautismo sea válido.

(Diálogo inspirado en el encuentro 

entre el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40)

FELIPE: No se necesita sumergir a una persona en un río para que el Bautismo sea válido.

ETÍOPE: ¿Por qué me dices eso, Felipe?

FELIPE: Es posible que hayan quienes te pretendan convencer de que el único bautismo válido sea sumergiéndose en el agua. A eso lo llamamos así: “BAUTISMO POR INMERSIÓN”.

ETÍOPE: A mí no me bautizaron así. Mi papá me dijo que cuando a mí me bautizaron me echaron agua en la cabeza. ¿A eso como le dicen?

FELIPE: A eso se le llama BAUTISMO POR INFUSIÓN. Te voy a contar algo muy interesante: el bautismo por inmersión era muy practicado por los primeros cristianos en la noche de Pascua. Estos, cuando salían de la piscina recibían una vestidura blanca que llevaban durante una semana, hasta el domingo siguiente llamado domingo in albis depositis)[1]. También lo hacían por infusión. La Didajé estableció que cuando no hubiese agua suficiente para la inmersión se procediera a bautizar vertiendo agua sobre la cabeza de la persona.

ETÍOPE: ¿Y existe en la Biblia algún caso de alguien que haya sido bautizado como me bautizaron a mí?

FELIPE: Los bautismos por infusión sí están presentes en la Biblia y el caso de Pablo es un ejemplo de ello, pues fue bautizado de esta forma: “Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos, al instante cayeron de sus ojos como unas escamas y recobró la vista; se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró fuerzas (Hch 9,17-19). Es oportuno recordar que en las casas de aquel tiempo no había piscinas o tinas. Así también Hch 16,33 narra un bautismo en una cárcel: “en aquella misma hora de la noche, el carcelero los tomó consigo… inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos”.

Aunque el término BAUTIZAR significa en sí mismo SUMERGIR, podemos caer en el error de pensar que se refiere, literalmente hablando, a hacerlo en AGUA. Nos imaginaríamos entonces un río, una piscina o algo semejante. El Bautismo cristiano se refiere a SUMERGIRNOS EN CRISTO, en su PASIÓN Y MUERTE, para salir también victoriosos CON ÉL Y POR ÉL Y PARA ÉL, participando en su RESURRECCIÓN. CRISTO ES EL AGUA VIVA que nos hace renacer a una nueva vida, a ser nuevas criaturas, a ser HIJOS DE DIOS. Por eso no usamos agua simple sino agua bendita.

Si fuese necesario y exclusivo realizar el bautismo por inmersión en el agua, se estaría exponiendo a miles de millones de personas a nunca poderse bautizar y, por ende, a verse privados de entrar en el Reino de los Cielos: tal es el caso de los presos, los enfermos en los hospitales o en la casa de sus familiares, los pueblos de los áridos desiertos de Siria y África y aquellos que viven en los congelados glaciares del planeta. Y ¿cómo obligar a todos a bautizarse en los pocos ríos existentes en lugares lejanos a lagos y mares, si muchísimos de ellos están severamente contaminados?, o ¿cómo llevarlos a aquellos sofisticados y lujosos lugares de culto donde existen piscinas construidas con el objetivo de “bautizar” a los nuevos prosélitos.


[1] (DS 449: Iº Concilio ecuménico de Lión  en el año 1254) (El nombre de «Dominica in albis» es uno de los más antiguos. En realidad es «in albis vestibus depositis», es decir, cuando los neófitos (los que habían sido bautizados en la Vigilia Pascual), asistían dicho Domingo a la celebración de la Santa Misa, habiendo ya depuesto (en las vísperas del sábado de la Octava) sus albas o vestiduras blancas, recibidas aquella noche en que renacieron a la vida eterna y que habían vestido durante toda la Octava.


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¿Podrías hablarme un poco acerca del Bautismo de los niños en los primeros cristianos?

(Diálogo inspirado en el encuentro 

entre el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40)

ETÍOPE: ¿Y PODRÍAS HABLARME UN POCO SOBRE EL BAUTISMO DE NIÑOS EN LA HISTORIA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS?

FELIPE: Por supuesto, Etíope, y tu pregunta es muy buena y oportuna. Fíjate, “la práctica de bautizar a los niños pequeños es una tradición inmemorial de la Iglesia. Está atestiguada explícitamente desde el siglo II”[1].Presentamos algunos testimonios:

IRENEO DE LYON (130-202 d.C.): Porque vino a salvar a todos: y digo a todos, es decir a cuantos por él renacen para Dios, sean bebés, niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Por eso quiso pasar por todas las edades: para hacerse bebé con los bebés a fin de santificar a los bebés; niño con los niños, a fin de santificar a los de su edad, dándoles ejemplo de piedad, y siendo para ellos modelo de justicia y obediencia; se hizo joven con los jóvenes, para dar a los jóvenes ejemplo y santificarlos para el Señor”[2]

ORÍGENES: (185-254 d.C.)La Iglesia ha recibido de los Apóstoles la costumbre de administrar el bautismo incluso a los niños. Pues aquellos a quienes fueron confiados los secretos de los misterios divinos sabían muy bien que todos llevan la mancha del pecado original, que debe ser lavado por el agua y el espíritu”[3]

Si los niños son bautizados “para la remisión de los pecados” cabe preguntarse ¿de qué pecados se trata?¿Cuándo pudieron pecar ellos? ¿Cómo se puede aceptar semejante testimonio para el bautismo de niños si no se admite que “nadie está exento de pecado, aun cuando su vida en la tierra no haya durado más que un solo día”?. Las manchas del nacimiento son borradas por el misterio del bautismo. Se bautiza a los niños porque “si no se nace del agua y del espíritu, es imposible entrar al reino de los cielos”[4]

HIPÓLITO DE ROMA (? – 235 d. C.)“Al cantar el gallo, se comenzará a rezar sobre el agua. Ya sea el agua que fluye en la fuente o que fluye en lo alto. Se hará así salvo que exista una necesidad. Pero si hay una necesidad permanente y urgente, se utilizará el agua que se encuentre. Se desvestirán, y se bautizarán los niños en primer término. Todos los que puedan hablar por sí mismos hablarán. En cuanto a los que no puedan, sus padres hablarán por ellos, o alguno de su familia. Se bautizará enseguida a los hombres y finalmente a las mujeres…”[5]

CIPRIANO DE CARTAGO (200-258 d.C.)Pero en relación con el caso de los niños, en el cual dices que no deben ser bautizados en el segundo o tercer día después de su nacimiento, y que la antigua ley de la circuncisión debe considerarse, por lo cual piensas que alguien que acaba de nacer debe no ser bautizado y santificado dentro de los ocho días, todos nosotros pensamos de manera muy diferente en nuestro Concilio. Porque en este curso que pensabas tomar, nadie está de acuerdo, sino que todos juzgamos que la misericordia y gracia de Dios no debe ser negada a ningún nacido de hombre

Por otra parte, la fe en la Escritura divina nos declara que todos, ya sean niños o mayores, tenemos la misma igualdad en los divinos dones…”[6]


1] CIC, 1252.

2] Ireneo de Lyon, Contra las herejías 2, 22,4. Carlos Ignacio González, S.J.,Ireneo de Lyon, Contra los herejes. Conferencia del Episcopado Mexicano, México 2000.

[3] Orígenes In Rom. Com. 5,9: EH 249. Johannes Quasten, Patrología i,Biblioteca de Autores Cristianos 206. Quinta Edición, Madrid 1995, pág. 395.

[4] Orígenes, In Luc. hom. 14, 1.5. Enrique Contreras, El Bautismo, Selección de textos patrísticos, Editorial Patria Grande, Segunda Reimpresión, Buenos Aires 2005, pág. 41.

[5] Hipólito, Tradición apostólica 20,21. Enrique Contreras, Idem, págs.. 45,47.

[6] Cipriano de Cartago, A Fido sobre el bautismo de infantes, Carta 58.


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¿Dónde está en la Biblia que los niños nacen con el pecado original, mamá? ¿De qué trata ese pecado?

(Diálogo inspirado en el encuentro 

entre el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40)

MADRE: El hombre, al tomar “El árbol del conocimiento del bien y del mal“,  (Gn 2, 17), “por la seducción del diablo quiso “ser como Dios” (Gn 3,5), pero “sin Dios, antes que Dios y no según Dios” (S. Máximo Confesor, ambig.); tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador (Gn 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios.[1]

HIJA: ¿Pero, que tiene que ver eso que dice con los niños, mamá?

MADRE: Todos los hombres están implicados en el pecado de Adán. S. Pablo lo afirma así: “Por la desobediencia de un solo hombre, TODOS [incluye a los niños] fueron constituidos pecadores” (Rm 5,19); “Como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rm 5,12). A la universalidad del pecado y de la muerte, el Apóstol opone la universalidad de la salvación en Cristo: “Como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo (la de Cristo) procura a todos una justificación que da la vida” (Rm 5,18).[2]

HIJA: Pero si los niños son inocentes, ¿Cómo puede un niño tener ese pecado?

MADRE: El pecado original es un pecado adquirido por el niño, mas no cometido por él. Es un pecado cometido, como ya lo explicamos, por nuestros primeros padres, pero que lo hemos adquirido todos. Para entenderlo podemos poner un ejemplo: un niño nacido, de una madre que haya consumido drogas, no es ni será culpable del error que su madre cometió; pero sí puede llegar a adquirir sus consecuencias que le afectarán. En ese sentido hija, todos los niños son inocentes, pero no inmaculados.

HIJA: Ay mamita, lo que hizo Adán a todos nos manchó de sucio… ¿Cómo hago yo para quitarme esa mancha del alma?

MADRE: Hija, esa mancha la borra el  Bautismo. Jesucristo pagó con su propia sangre en la cruz todos los pecados de la humanidad y nos adquirió en su cuerpo a todos para que ahora todos fuésemos suyos. San Pablo dice en Col 2, 11-12 que con el Bautismo nosotros nos despojamos de ese cuerpo carnal manchado de pecado para nacer con Él a una vida nueva con su Pasión, Muerte y Resurrección.

HIJA: Bautízame entonces a mí mami, yo quiero volver a nacer otra vez.

MADRE: No te entiendo, hija. ¿Quieres volver a nacer?

HIJA: Sí Mami, tú me dijiste que yo puedo volver a nacer para nacer con Cristo. Anda sí! Yo no quiero seguir viviendo con el pecado de Adán.

MADRE: Está bien, hija. Mañana mismo vamos juntos a la Iglesia para buscar la información y bautizarte pronto.

HIJA: Siiii… graciaaaas… mami…! Gracias….! Mamá, ¿y qué otros regalos le da a uno papito Dios cuando uno se bautiza?

MADRE: El regalo más lindo es que serás hija de Dios.  Ese fue el regalo más maravilloso que Jesucristo nos dio. Si yo no te bautizara te estaría quitando ese regalo que te mereces y que te pertenece.

HIJA: Qué regalo tan lindo nos da el Bautismo…! Poder ser hija de Dios…! Y le puedo decir papá, mami?

MADRE: Sí hija, de hecho Jesucristo nos enseña en el Padre nuestro que lo llamemos asi: Padre Nuestro.

HIJA: ¿Y tiene más regalos para mí el bautismo, mami?

MADRE: Sí, hija. Tiene muchos regalos más, muchísimas bendiciones. Te voy a terminar de contar, porque además, todo esas promesas las hizo Dios y están en la Biblia. Te las voy a mencionar: Serás una “nueva creatura” (2Co 5,17); “hija adoptiva de Dios” (Ga 4,5-7); “vas a comenzar a participar de la gloria y de la naturaleza divina”; (2P 1, 4); “coheredera y del mismo linaje de Cristo” (1Co 6,15; 12,27); y tu cuerpecito ya será para siempre “templo donde va a habitar el Espíritu Santo” (1Co 6, 19)

HIJA: ¿Todo eso para mí? Cuanto nos ama Dios, mami….! Eso que Dios me da es muchísisimo, es lindoooo. Yo también amo mucho a Dios y seré muy feliz cuando me bautice. Mañana vamos a la Iglesia.

MADRE: Si hija. Mañana vamos.

HIJA: ¿Sabes qué mamá? Hoy en la escuela vi una cruz en la pared y me hizo pensar mucho en todo lo que Jesús sufrió por nosotros.

MADRE: Por eso también es que desde temprano ya tú debes estar bautizada, hija. Porque el Bautizo de Jesús fue sacrificarse Él mismo con amor entregando su vida en la cruz para rescatarnos a todos del pecado y hacernos suyos confiando siempre en que Dios le iba a resucitar. Nuestra familia tendrá que pasar también por muchos momentos difíciles y todos los que vivimos en esta casa necesitamos por igual, grandes y pequeños, del auxilio de la gracia de nuestro Dios que nos ayudará a salir siempre adelante.

Ahora descansa y al cerrar tus ojos piensa solamente en ese traje hermoso de gracia que tu alma va a estrenar el día de tu bautizo. Te amo, hija. Dios te bendiga, duerme.

HIJA: Amén. Gracias mamá. Hasta mañana.


[1] CIC, 397-398.

[2] Ibid, 402.


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Son inseparables el Bautismo y la Cruz.

(Diálogo inspirado en el encuentro 

entre el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40)

FELIPE: Las veces que Jesucristo anuncia su bautismo nunca lo hace refiriéndose al que recibió de Juan sino más bien al que iba a recibir en su pasión, muerte y resurrección; y éste le causaba agonía, angustia (Mc 10,35-40Lc 12,50). Es un sacramento que se vive siendo fiel al Padre en las horas de desierto, de prueba, permaneciendo firme en su promesa de la Resurrección y siendo responsables en nuestros compromisos ya asumidos con Dios.
Así lo describía San Ambrosio (340?–390 d.C.): “Considera donde eres bautizado, de donde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ahí está todo el misterio: El padeció por ti. En Él eres rescatado, en Él eres salvado[1].

ETÍOPE: Qué tristeza me da escucharte eso, Felipe; porque la mayoría de los Católicos nada más pensamos en el bautismo para buscar padrinos, hacer fiestas y tomar aguardiente. Es impresionante como hemos olvidado lo que significa el bautismo.

FELIPE: Tienes razón. Pero me alegro por ti, Etíope, que has tomado conciencia de ello. Todos los bautizados debemos estar conscientes que al igual que Jesucristo, en la vida siempre tendremos muchos momentos donde el bautismo nos espera. Quiero decir, que no es un hecho del pasado; el bautismo lo vivimos en cada situación de agonía, de pasión; cuando nos llegan las pruebas, las dificultades. Allí tenemos que permanecer con Jesucristo, tomar la cruz, ser fieles; no rendirnos, superar todas las tentaciones. Mientras somos fieles a Él las tormentas se van calmando.


[1] Cf. CIC, 1225.


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Nosotros seguimos el Bautismo de Jesucristo y no el de Juan el Bautista.

Diálogo inspirado en el encuentro entre  

el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40

 

ETÍOPE: ¿Cómo es eso, Felipe? Suena muy interesante. Explícamelo, por favor.

FELIPE: El bautismo cristiano no es el bautismo de Juan el Bautista, el cual sólo se hacía dentro de las aguas del río Jordán. Si tomamos al pie de la letra el bautismo de Juan significaría que el único bautismo válido es el realizado en el río Jordán y con adultos.

ETÍOPE: Uff… pero eso queda muy lejos…! ¿Y quién podría ir para allá si los pasajes están tan caros? Y a mí me dejarían por fuera, pues apenas soy un niño.

FELIPE: Tranquilo, Etíope; no tienes de qué preocuparte. Los cristianos ya no seguimos ese bautismo que era sólo en agua y un símbolo externo de conversión y Jesús participó de él solamente como un acto de anonadamiento; es decir, sin ser pecador “se sometió voluntariamente al Bautismo de Juan, destinado a los pecadores, “para cumplir toda justicia”[1] (Mt 3,15). El nuestro es un bautismo en el Espíritu Santo, es nuevo (Hch 11,16); y es un bautismo instituido por el mismo Jesucristo: “Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, pues, y consíganme discípulos de todas las naciones. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia” (Mt 28,18-20). Siguiendo fielmente el mandato de Jesucristo, en el año 70 d. C, la Didajé[2] estableció que todo bautismo se debía hacer diciendo las palabras: “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Advertimos ante el hecho de que en muchísimos bautizos de grupos protestantes los pastores no obedecen esta fórmula sino que inventan otras frases de su propia elaboración; como ésta por ejemplo: “yo te bautizo en el nombre de Jesucristo para el perdón de todos tus pecados”.

ETÍOPE: Eso es verdad, Felipe. Hace unos días cuando fui con mi abuela al culto evangélico estaban bautizando a varias personas. Y esas fueron las palabras que el pastor utilizó.

FELIPE: La Biblia nos da prueba de la transición del bautismo de Juan al de Jesucristo (Jn 1,30-33). Veamos un caso: unos doce hombres que ya habían sido bautizados por Juan, se hicieron bautizar después  por Pablo(Hch 19,4-7); ni siquiera habían oído hablar del Espíritu Santo.

El error de muchos grupos evangélicos está en considerar que el bautismo es sólo para perdonar pecados y olvidan lo que respecto a este Sacramento está escrito en las Sagradas Escrituras y que el Catecismo de la Iglesia Católica se lo recuerda:

El Bautismo no solamente purifica de todos los pecados, hace también del recién bautizado “una nueva creación” (2Co 5,17), un hijo adoptivo de Dios (Ga 4,5-7) que se ha hecho “partícipe de la naturaleza divina” (2P 1,4), miembro de Cristo (1Co 6,15; 12,27), coheredero con Él (Rm 8,17) y templo del Espíritu Santo (1Co 6,19).”[3]

ETÍOPE: Como dicen por ahí, Felipe. “Más claro no canta un gallo”.

FELIPE: Eso no es nada, amigo Etíope. Escucha esto que dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

“La Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento”[4]Yo diría que si priváramos a los niños del Bautismo seguramente Jesucristo nuevamente se indignaría para reclamarnos diciendo: “Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.” (Mc 10,14Lc 18,16).


[1] CIC, 1224.

[2] Didajé es una expresión griega que significa <<enseñanza>>. Se refiere a un documento llamado <<Instrucción del Señor a los gentiles por medio de los doce Apóstoles>> o también <<Instrucciones de los Apóstoles>>. En un primer momento los Apóstoles se dedicaron anunciar las enseñanzas del Maestro Jesús como Evangelio (Kerigma), es decir como Buena Noticia; pero muy pronto, debido, tanto a las inquietudes y necesidades de las primeras comunidades cristianas, como a la expansión del Evangelio, empezaron a dictar normas morales, litúrgicas y de la organización de la Iglesia. Su composición es casi contemporánea a algunos libros del Nuevo Testamento, pues data en torno al año 70 d. C.

[3] CIC, 1265.

[4] Cf CIC can. 867; CCEO, can. 681; 686,1.


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HF-Video/Bautizo

“Yo quiero bautizarme para recibir a Jesucristo… Pero, ¿Cómo hago si apenas soy un niño?” 

Diálogo inspirado en el encuentro entre 

el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40 

ETÍOPEFelipe, Yo quiero bautizarme para recibir a Jesucristo. 

Pero, ¿Cómo hago, si apenas son un niño?

FELIPE¿Por qué dices que no puedes, amigo Etíope?

ETÍOPE: Porque mi mamá, que va al culto casi todas las noches, me dice que sólo se puede bautizar a la gente adulta. Pero, una pregunta, Felipe. ¿Y yo por qué tengo que esperar tanto?

FELIPE: Amigo, no tienes por qué esperar. Tu mamá tiene buena intención pero seguro recibió muy poca información en la fe cristiana católica. Hay pruebas en la Biblia y en la historia de que a los niños sí se les puede bautizar, pero tu mamá aun no lo sabe y yo a ti te lo voy a contar.

Empecemos por la Biblia: Cuando bautizamos a un niño le damos el más grande y el más hermoso de los regalos: PERTENECERLE A CRISTO” (1Co 6,19)[1]. Hay ocasiones donde son bautizadas familias completas y eso está en Hch 16,14-15 (bautizo de toda la familia de Lidia); en Hch 16,33 (Familia del Carcelero); en Hch 18,8 (Familia de Crispo), y en 1Cor 1,16 (Familia de Estefanás). San Pablo dice en Col 2,11-12  que “el bautismo reemplaza la antigua circuncisión y mediante él la persona se despoja del cuerpo carnal por la circuncisión en Cristo”. Si fuera prohibido bautizar a los niños allí Pablo lo hubiese dicho. El bautismo sustituye la circuncisión, la cual se hacía a muy temprana edad (Gn 17,12Lev 12,3); eso les dio a los niños la oportunidad de poder también participar del bautismo y de despojarse de su cuerpo carnal para ser revestidos en Cristo (Gal 3,27). Abraham circuncidó a su niño Isaac a los ocho días de nacido, conforme le había ordenado Dios (Gn 21,3-4) y hasta el mismo Jesucristo fue circuncidado cuando apenas tenía 8 días de nacido (Lc 2,21). En conclusión, en ninguna parte de la Biblia se dice que esté prohibido bautizar a los niños.

ETÍOPE: ¿Cómo impedirle a los niños formar parte del cuerpo de Cristo si Él mismo dijo::“DEJEN QUE LOS NIÑOS VENGAN A MI, NO SE LO IMPIDAN”(Mc 10,34)

FELIPE: Eso mismo me lo he preguntado yo, Etíope. ¿Cómo negarles a los niños la gracia de incorporarse al Cuerpo de Cristo si sabemos por las Sagradas Escrituras que por este sacramento entramos a formar parte de su Cuerpo? Incluso, dicen las Escrituras que por el Bautismo “…somos miembros los unos de los otros” (Ef 4,25) ¿Cómo imaginarnos al Cuerpo de Cristo, la Iglesia, conformado sólo por adultos y jóvenes sin la presencia de los niños? Si en sus intervenciones acerca de los niños Jesucristo les advierte a los adultos la exigencia de ser como ellos para poder entrar al Reino de los Cielos, esto deja entrever e inferir su capacidad y su derecho de poder participar también de esta Gracia.


 

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HF-Video/Bautismo

 

Bautismo de niños. ¿Sumergir las personas?

Todo niño necesita ser bautizado

Pbro. Héctor Pernía, mfc


¿Qué significa bautizar sumergiendo en agua?

Pbro. Héctor Pernía, mfc

 


¿Se puede bautizar niños?

Catequesis virtual – Pbro. Didier


El bautismo de los niños

P. Flaviano Amatulli


¿Por qué los católicos bautizamos a los niños a temprana edad y los protestantes no?


¿Por qué los católicos bautizan niños?

Scoth Hahn


¿Por qué bautizamos niños?

Rafael Enrique Piña Valdez


El Bautismo (1)

Pbro. Luis Toro


El Bautismo

Pbro Luis Toro (2)


El Bautismo (3)

Pbro. Luis Toro


Preguntas y respuestas del bautismo

(con 10 pastores protestantes)

Pbro. Héctor Pernía, mfc