Etiqueta: Cristo es Dios

¿Cristo y el Padre son el mismo?

Liturgia< 📖>Apologética
De la Liturgia de la Palabra.
V Semana de Pascua.
03 de Mayo de 2018

Comentario: Hoy se nos presenta en el evangelio un versículo que algunos hermanos protestantes (1) – por el error de interpretación literal del texto – lo utilizan para decir que Jesús y el Padre son la misma persona; y por ello refutan la existencia de la Santísima Trinidad.

Dijo Jesús: “Quien me ve a mí ve al Padre” (Jn 14, 9).

San Agustín escribió en uno de sus sermones (2): “Pones tus ojos en Cristo, hombre y Dios: te muestra su ser hombre, te reserva su ser Dios. Y advierte que te reserva su ser Dios quien se te muestra como hombre: Quien me ama —dice— guarda mis mandamientos; a quien me ama le amará mi Padre, y yo le amaré” (Jn 14, 21). (San Agustín, Sermón 126) Su Padre y Él le amarán. Indica que son dos personas las que le manifestarán su amor. Si fuese una sola persona, no habría dicho tal cosa.

San Agustín continúa diciendo: “Y, como si le preguntase ¿Qué vas a dar al que te ama? Y me manifestaré a él (Jn 14, 21) —dijo— ¿Qué significa esto, hermanos? Él, al que ya estaban viendo, les prometía que se les iba a manifestar. ¿A quiénes? ¿A quiénes le estaban viendo o a quienes no le estaban viendo? Hablando a un apóstol que quería ver al Padre para darse por satisfecho y que le decía: Muéstranos al Padre y nos basta (Jn 14, 8), le dice algo. Y él, manteniéndose de pie en su forma de siervo, ante los ojos del siervo, reservando la forma de Dios para los ojos del hombre deificado, le responde: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me habéis conocido? Quien me ve a mí, ve también al Padre (Jn 14, 9). Quieres ver al Padre, mírame a mí; a mí me ves y no me ves. Ves lo que tomé por ti, no ves lo que reservé por ti. Escucha los mandatos, purifica tus ojos, porque quien me ama guarda mis preceptos, y yo le amaré a él. En cuanto persona que guarda mis mandatos y en cuanto enfermo sanado por mis mandatos. Me manifestaré a él. Como si dijera: «Es al guardador de mis mandamientos a quien yo me descubriré tal cual soy». (San Agustín)

Podríamos decir: el Hijo manifiesta al Padre, y éste es manifestado por el Hijo. Y es que luego de decirle Jesús a Felipe, “quien me ve a mí ve al Padre”, le específica: “¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? (…) Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.” (Jn 14, 10-11), porque la naturaleza y el poder del Padre están en él.

No está diciendo que ambos son una sola y una única persona, sino que uno está en el otro. No es lo mismo el verbo “ser” que el verbo “estar”. Jesús y el Padre habrían sido una sola persona si hubiese dicho: “Yo soy el Padre y el Padre soy yo”, pero eso nunca Jesucristo lo dijo. Lo que dijo fue algo muy diferente: “Él está en mí y yo en él”, y eso no los convierte jamás en una sola identidad. Siempre habló del Padre como de Alguien distinto a Él (cf. Jn 8, 17-18; 17, 5; Lc 10, 21; Hb 1, 1-5. 13; 2, 32; Ef 2, 18).

El espejo de quienes somos imagen y semejanza de Dios lo reflejan con claridad. Todo padre de familia al engendrar o una madre al parir están en el hijo que traen al mundo, porque en él están el cuerpo y la sangre de sus padres; y el hijo, por esta misma razón, está en sus padres. Dice en Hb 2, 14: “Los hijos participan de la misma sangre y la misma carne”, y eso, gracias a sus padres que le procrearon. Todo hijo, por llevar sangre y carne de sus padres, podría decir: “ellos están en mí y yo en ellos; pero ellos son ellos y yo soy yo. Cada uno es una persona distinta y diferente; pero los tres estamos hechos de lo mismo.” El padre es el padre y el hijo es el hijo; la madre es la madre y el hijo es el hijo. El hijo no es el padre, ni el padre es el hijo; el hijo no es la madre, ni la madre es el hijo. Cada uno es una persona distinta, pero su naturaleza es compartida por el acto del engendramiento y del parto.

Fuente:
1. ‘Unicitarios’, Una de las ramas del movimiento pentecostal. Cf.
https://es.wikipedia.org/wiki/Pentecostalismo_unicitario

2. San Agustín, Sermón 126. Fe e Inteligencia; el ver de la Palabra (Jn 5, 19).

Preguntas para compartir:

1. ¿Qué aprendiste con esta publicación? ¿Cómo sabemos que el Padre y el Hijo son dos personas distintas?

2. ¿Que otros fundamentos doctrinales evidencian que son dos personas distintas?

Elaborada por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc

Cristo es Dios.

Liturgia< >Apologética
De la Liturgia de la Palabra.
Semana Ciclo B.
IV Semana de Cuaresma
Fecha: 14 de marzo de 2018

Comentario:
La liturgia de hoy nos muestra la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Muchos protestantes afirman que Cristo no es Dios. Sin embargo la biblia posee muchísimas citas que refutan con contundencia tal aseveración. Precisamente leemos en el evangelio: “Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios”. (Jn 5,18)

Muchos reconocen a Jesús como Dios. Entre ellos Tomás, el incrédulo, dijo: “Señor mío y Dios mío” después de haber dudado de su resurrección. Y Pablo también dice: “el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse,..”

Y hasta Jesús mismo se encarga de dejar bien claro que Él, es el mismo Dios. Corroboremos con las siguientes citas:
“En el principio era la Palabra … y la Palabra era Dios” (Jn 1,1)

“Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn 10, 30)

“Antes de que Abraham existiera, Yo Soy” (Jn 8, 58)

“¿No crees que estoy en el Padre y que el Padre está en Mí?” (Jn 14, 9)

“Ahora, Padre, dame junto a Tí la misma Gloria que tenía a tu lado antes que comenzara el mundo” (Jn 17, 5)

“Sabemos que el Hijo de Dios ha venido… para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo: ahí tienen el Dios Verdadero “ (1 Jn 5, 20)

Debemos darle al hijo la misma honra que al Padre. Es decir, si al Padre se le honra como Dios, el mismo Padre nos ordena que al Hijo le demos honra de divinidad.

Pregunta para compartir:
Busca y comparte otras citas que argumenten que Cristo es Dios.

Elaborada por:
Adelina Ruíz

El Espíritu Santo es Dios.

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Pbro. Héctor Pernía, mfc

Hay hermanos que caminan en tinieblas negando la divinidad del Espíritu Santo,

(54) … y afirman que es sólo una fuerza proveniente de la divinidad. He aquí el camino a la luz:

a. Cristo bautiza, y manda a bautizar en el Espíritu Santo, porque en el Espíritu Santo reside también la plenitud de la divinidad (Jn 1,33; Mt 28,18-20).

b. Dijo Jesús: ‘’Yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito, para que esté con ustedes siempre… El otro Paráclito que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y os recordará todo lo que yo les he dicho” (Jn 14,15-17.26). Todo esto sería imposible e ilógico que lo hiciera si sólo fuera una simple fuerza o una energía.

c. En Hch 5,4 Pedro le dice a Ananías: “No has mentido a los hombres, sino a Dios”; y luego, en Hch 5,9 le reprende: “¿Cómo os habéis puesto de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor?”. El Espíritu del Señor es el Espíritu Santo. Pedro enseña muy claramente, que mentirle al Espíritu Santo, es mentirle personalmente a Dios mismo.

d. En 2Pe 1,20-21 dice que quienes escribieron la Sagrada Escritura, lo hicieron movidos por el Espíritu Santo; y en 2Tim 3,16 leemos que las Escrituras fueron inspiradas por Dios. Lo que da a concluir que el Espíritu Santo es Dios.

e. Cristo reveló que el Espíritu Santo tiene existencia propia, divinidad, poder, y que su misión es la de guiar a la Iglesia hasta la verdad completa (Jn 16,13). También enseñó que el Espíritu Santo, por sí mismo, le da gloria a Él (Jn 16,14). ¿Cómo haría una fuerza o una energía por sí misma, para dar gloria a alguien?

Cristo es Dios; no es un ángel o un mero profeta

Pbro. Héctor Pernía, mfc

Ten esto presente cuando estés ante algún Testigo de Jehová y auxíliale en la fe.

(53) a. Refiriéndose a Jesucristo, el profeta Isaías anunció: “Se dirá aquel día: Ahí tenéis a nuestro Dios: esperamos que nos salve; éste es Yahveh” (Is 25,9).

b. Jesucristo es el “YO SOY”. El mismo que le habló a Moisés, se le reveló a los judíos diciéndoles: “Morirán en sus pecados, porque si no creen que YO SOY, morirán en sus pecados” (Jn 8, 24-28; 13,19; Ex 3,13-14).

c. Le mataron porque se igualaba a Dios (Jn 5,18-19; 22-24).

d. El apóstol Tomás le dijo: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28). Pablo así lo proclamó: “Dios bendito por los siglos” (Rm 9,5); “En Él reside la plenitud de la Divinidad corporalmente” (Col 2,9); “el gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Ti 2,13). También el apóstol Pedro lo predicó: “… por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2Pe 1,1).

e. Y no es ningún arcángel Miguel: Cristo está por encima y es superior a todos los ángeles. ¿A qué ángel, sino sólo a Jesucristo, Dios le dijo: “Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy; y también: “Yo seré para él Padre, y él será para mí Hijo” o, “siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies?” (Hb 1,1-14). ¿Y qué lógica puede tener que el arcángel Miguel sea el mismo Jesucristo si, mientras él estaba en el vientre de María, el arcángel Miguel estaba fuera protegiéndolo a él y a su madre ante los ataques del dragón para acabar con la madre y el niño? (Ap 12,4-8).

f. Ante él se postraron para adorarle (Jn 9,36-38; Mt 2,2.10-11; 28,9); porque Él es el Dios verdadero y la Vida eterna (1Jn 5,20). El hace lo mismo que hace Dios; y todo juicio lo entregó al Hijo para que lo honren igual que al Padre (Jn 5,19.22-23).

g. Él es la Palabra, estaba con Dios, era Dios; se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,1.14). Todo lo del Padre es de Cristo. Y el Padre es Dios (Jn 17,10). Quien lo ve a Él ve al Padre. El Padre está en Él… (Jn 14,8-11).

h. ¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen? (Mc 4,39-41). Él es el Alfa y la Omega, vive por los siglos de los siglos, tiene las llaves de la Muerte y del Hades (Ap 1,14-18).

Santísima Trinidad: tres personas distintas; un sólo Dios.

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Pbro. Héctor Pernía, mfc

Tres personas no son igual a tres dioses.

(49) a. Es un solo Dios porque cada uno está y permanece en el otro; así como la raíz está unida al tronco y éste a las ramas, y viceversa; los tres son una misma planta, un todo (cf. Jn 8,19; 14,20; 17,10).

b. Jesucristo reveló que el Padre y Él son personas que dan testimonio (cf. Jn 8,17-18). Y siendo que El Espíritu Santo da testimonio de Cristo (cf. Jn 15,26), entonces también el Espíritu Santo es persona.

c. Él mandó a bautizar en nombre de la Trinidad; y, si no fueran distintas personas, no las hubiese presentado por separado. Hubiera dicho, tal vez, solamente: ‘En el nombre del Padre…’, o ’… en el nombre del Padre y del Hijo’, nada más. O sólo hubiera dicho: ‘… En el nombre de Dios’. Allí Jesús nos está enseñando que Dios es: Padre, Hijo y Espíritu Santo (cf. Mt 28,18-20).

d. “¿Cuán grave lo que le espera a quien se atreva a pisotear al Hijo de Dios, dejando como profana la sangre de su sacrificio redentor, y quien ultraje al Espíritu de la Gracia? ¡Es terrible caer en las manos del Dios vivo!” (Hb 10, 29-31).

En el Antiguo Testamento:

(50) Presta atención, en estos pasajes, a la forma plural y, a la vez, singular, de Dios manifestarse:

a. ‘’Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’ (Gn 1,26). No dijo: ‘hago al hombre a mi imagen y semejanza’.

b. “Bajemos, pues, y una vez allí, confundamos su lenguaje” (Gn 11,7).

c. ‘Y dijo Yahveh Dios: ¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros…!’ (Gn 3,22).

d. Dios se le presenta a Abraham y a su esposa así: un solo Señor en tres personas distintas (Gn 18,1-24).

e. Dijo el Señor: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá de parte nuestra?”(Is 6,8).

f. Movido por el Espíritu Santo (cf. Mc 12, 35-37), David dijo: Palabra del Señor [El Padre] a mi señor [al Hijo]: “¡Siéntate a mi derecha y ve cómo hago de tus enemigos la tarima de tus pies!”(Sal 110,1)

En el Nuevo Testamento:

(51) a. Cristo revela que él estaba allí presente en ese ‘nosotros’ de Dios: “Glorifícame junto a ti, Padre, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese” (Jn 17,5).

b. Nosotros accedemos al Padre gracias a Cristo y en un mismo Espíritu (cf. Ef 2, 18).

c. El Padre nos crea, el Hijo nos redime y el Espíritu Santo nos santifica (cf. 1Pe 1,2).

d. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (cf. Mt 3,16-17; Jn 16,15; 20,22).

e. Tres personas, siempre en comunión de amor: Dios Padre, por obra del Espíritu Santo, engendró a su Hijo. En los tres está presente la divinidad (cf. Lc 1,34-35; 10, 21).

f. Cristo recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, es exaltado a la diestra de Dios; y los tres reciben una misma adoración y gloria (cf. Hch 2,32; Mt 3,16-17; Jn 16,15).

g. El Espíritu Santo da gloria a Cristo (cf. Jn 16,14); y la gloria se le da a Dios. Por lo tanto: Cristo es Dios. Y Cristo reveló que el Espíritu Santo es también Paráclito del Padre (cf. Jn 14,16.26); lo que equivale a reconocer, que también el Espíritu Santo es glorificado; es decir, es Dios.

Los primeros cristianos se saludaban y daban bendiciones en nombre de la Trinidad (cf. 2Cor 13,13).

¿Quién hizo a Dios?

45-. Presentación: Estamos ante una pregunta que fácilmente se pudiera hacer quien aún conoce muy poco de Dios y que cree conocer mucho del mundo. Presentamos la respuesta que a esta inquietud nos ofrece un joven de Acción Católica en su libro ‘Cartas Apologéticas a mis compañeros de trabajo’. Copiamos de manera íntegra su desarrollo:

46-. ¿Quién hizo a Dios, Ser supremo?

a. Pregunta es ésta que sobra para aquellos que han comprendido lo que es Dios. Con todo, son muchos los incautos que en su ignorancia hacen esta pregunta: ¿Quién hizo a Dios? Pregunta vana. En vano buscas al autor de Dios.

b. Por muchas épocas que recorras hacia el pasado jamás te encontrarás con un punto en que algo eterno no existía, ni hallarás momentos en que ese Ser Supremo comenzó a existir; ya que, de darse ese caso, la “nada” hubiera sido el padre de este mundo contingente, lo cual es absurdo.

 47-. En vano preguntas quién hizo a Dios;

a. Porque Dios, como se definió a sí mismo en el Monte Sinaí, es El que es, es decir, el ser cuya esencia se confunde con su existencia. Por eso en vano buscas al autor de Dios.

b. Aunque recorrieras toda la eternidad en busca de la esencia del Ser, para luego inyectarla y crear así a Dios, es, precisamente, el ser por esencia, el ser cuya esencia se confunde con su existencia, el infinito océano o inmensidad del ser. Del poder infinito de esa esencia divina salió la existencia de los seres contingentes. Por eso, Dios podría dar la existencia a millones de criaturas, pues tiene capacidad para dársela, y es absurdo el pensar que pueda recibirla, siendo El, el mismísimo “Ser”.

c. Admite, por lo tanto, la eterna existencia del Ser supremo, que es Dios; porque de lo contrario tendrías que admitir, cono hemos dicho antes, el absurdo de que todo salió de la nada y este disparate no querría suscribir nadie.

48-. ¿Cómo existió eternamente?

a. ¿Por qué en lugar de la nada existió el ser? ¿Cómo se puede comprender su eterna existencia? Estás haciendo unas preguntas que siempre quedarán sin contestación, porque son preguntas muy subidas para la corta inteligencia humana; son verdades que no están contra la razón, pero sí sobre ella, para cuya comprensión haría falta la inteligencia de un Dios. Por eso, conténtate con lo que te voy a decir:

b. Dios nos ha dado una inteligencia capaz de comprender la necesidad de la existencia de un Ser Eterno, Inteligente, libre e inmortal, distinto e infinitamente superior a la materia, y esta misma inteligencia nos hace ver el absurdo que encierra la negación de esa gran verdad, ya que de lo contrario no tendría explicación posible la existencia de estos seres contingentes que constituyen el “Mundo”; ni se explicarían en el universo material y en el espiritual de nuestra inteligencia.

c. Esto te basta para comprender la existencia de Dios y no indagues más, sino confiesa y adora humildemente su eterna existencia; sirve y ama a ese Dios y tu recompensa será eterna. Y sólo entonces verás cosas que el ojo humano jamás vio, cosas que la inteligencia humana no pudo comprender, ni la imaginación pudo imaginar.

Entretanto, confiesa arrodillado a ese ser maravilloso, que es tu Dios, a ese ser de arrobadoras bellezas, que cuando le veamos cara a cara será capaz de extasiarnos y dejarnos arrebatados en contemplación sin que jamás nos canse, aunque hubiera mil eternidades para contemplarle.

Tema 1) Jesucristo es mi Dios y mi Salvador.

(Diálogo inspirado en el encuentro entre el Etíope y Felipe 

en Hch 8, 26-40)

(Dedicado a los Testigos de Jehová, con el único fin de ayudarles a encontrar y conocer a Jesucristo) (más…)