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¿Sabes qué enseñaban los primeros cristianos y San Francisco de Asís sobre la cruz?

Pbro. Héctor Pernía, mfc

¿Qué decían de la Cruz los primeros cristianos? 

(290) a. San Cipriano de Cartago (s. III d.C.): <<en la […] señal de la cruz está toda fuerza y poder […]. En esta señal de la cruz, está la salvación para todos los que están marcados con ella en la frente>>.

b. San Atanasio de Alejandría (295 – 373 d. C.): <<por la señal de la cruz toda magia se detiene y todo hechizo se desvanece>>.

c. San Jerónimo (340-420 d. C.) y San Agustín (354-430 d. C.): Describen a los primeros cristianos haciendo la señal de la cruz en la frente, seguidamente en los labios y luego en el corazón, tal como lo hacen los católicos occidentales de hoy antes de leer el Evangelio.

La cruz, para san Francisco de Asís…

(291) San Francisco profesaba una profunda devoción al signo TAU. Con ella firmaba cartas, marcaba paredes, y sanaba heridas y enfermedades, como si toda su preocupación fuese grabar el signo de la tau, según el dicho profético, sobre las frentes de los hombres que gimen y se lloran, convertidos de veras a Cristo Jesús. Al inicio de cualquier actividad se santiguaba con dicha señal; para él y para sus compañeros representaba la cruz y significaba una verdadera penitencia.


NOTA: te invitamos a nuestra biblioteca de video, y podrás conocer lo que enseñan los más importantes apologetas del momento:

HF-VIDEO / La Cruz.

¿Cómo es eso que Jesucristo está vivo en la Hostia Consagrada? ¿Quién inventó la Santa Misa?

(Diálogo inspirado en el encuentro 

entre el Etíope y Felipe en Hch 8, 26

ETÍOPEFelipe, ¿CÓMO ES ESO QUE JESUCRISTO ESTÁ VIVO EN LA HOSTIA CONSAGRADA? AHH, Y OTRA PREGUNTA… ¿QUIÉN INVENTÓ LA MISA? 

FELIPE: La Misa fue instituida por Cristo y su presencia en ella es real, no simbólica, como dicen en algunos sitios de culto no católicos. Esto lo encontramos en Mt 26,26-28Lc 22,19 y Mc 14,22-24y lo creemos firmemente porque Jesucristo dice la verdad y tiene todo el poder para hacer que lo que aparenta ser pan no sea pan sino su Cuerpo y lo que aparenta ser vino no sea vino sino su Sangre. Por ello, el valor y la  importancia tan grande que le da la Iglesia (1Cor 11,25-29). Después de la Resurrección los discípulos reconocen a Jesucristo en la fracción del pan (Lc 24, 13-35); esto es definitivo y fundamental para nuestra fe cristiana pues allí constatamos y somos testigos de que Jesús ha resucitado. San Ignacio de Antioquía (50-107 d. C., Eph 20,2) la llama Pan de los Ángeles, Pan del cielo, Medicina de Inmortalidad.

ETÍOPE: ¿Por qué en esos lugares de culto no católicos niegan que Jesucristo está allí presente?

FELIPE: Amigo Etíope, eso no es nuevo. En la misma Biblia podemos mostrar como el anuncio de la Eucaristía, al igual que el anuncio de la cruz escandalizó a muchos que eran discípulos de Jesucristo y por no aceptar comer su cuerpo y tomar su sangre dejaron de seguirle. Jesucristo se hizo piedra de tropiezo que causaría división y hoy mismo vuelve a ocurrir; unos creen que Él está vivo en la hostia consagrada y lo comen y otros lo niegan y lo adversan. Así vemos que en Jn 6,48-71, luego del anuncio de la Eucaristía, unos dan la vuelta atrás y otros se quedan con Jesucristo.

LA MISA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS[1]:

ETÍOPE: Sería interesante conocer qué hacían y creían los primeros cristianos. ¿Sabes algo de eso?

FELIPE: <<Canibalismo>> y <<sacrificios humanos>> eran acusaciones que se rumoreaban a menudo contra las primeras comunidades cristianas. Los primeros apologistas cristianos las recogieron con el fin de rechazarlas como chismes. Pero a través de las lentes distorsionadas de las habladurías paganas, podemos ver cuál era el elemento más identificable de la vida y del culto cristiano.

Era la Eucaristía la re-presentación del sacrificio de Jesucristo. La comida sacramental en la que los cristianos consumían el Cuerpo y la Sangre de Jesús. La distorsión de estos hechos de fe era la que guiaba las calumnias paganas contra la Iglesia: aunque es fácil de ver por qué los paganos malinterpretaban esos hechos. En la primitiva Iglesia se permitía asistir a los sacramentos únicamente a los bautizados, y a los cristianos se les disuadía hasta de hablar de estos misterios centrales con los no cristianos. Por eso, la imaginación pagana se disparó, alimentada por pequeñas briznas de realidad: <<esto es mi Cuerpo…éste es el cáliz de mi Sangre… Si no comen la Carne del Hijo del hombre y no beben su Sangre…>> Los paganos sabían que ser cristiano era participar en unos ritos extraños y secretos.

ETÍOPE: ¿Eso quiere decir que ellos predicaban y reconocían a Jesucristo al comer el pan durante la misa?

FELIPE: Así mismo, Etíope. Ser cristiano era ir a Misa. Esto era verdad desde el primer día de la Nueva Alianza. Apenas unas horas después de que Jesús resucitara de entre los muertos, se encaminó a compartir la mesa con dos discípulos. <<Tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Y sus ojos se abrieron […] le conocieron al partir el pan>> (Lc 24,30-31.35).

San Pablo subraya la importancia de la doctrina de la presencia real y ve terribles consecuencias en no creer: <<todo el que come y bebe  sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio juicio>> (1Co 11,29).

La Didajé utiliza cuatro veces la palabra <<sacrificio>> para describir la Eucaristía y en una de ellas declara abiertamente que <<éste es el sacrificio del que habló el Señor>>[2]

ETÍOPE: Yo creo que debemos reconocer también que saben más de Jesucristo aquellos que fueron sus apóstoles y los primeros cristianos que nosotros después de dos mil años.

FELIPE: Es verdad. Por eso es tan importante conocer las raíces de nuestra fe cristiana para ser fieles a lo que creían y hacían los primeros cristianos y no estar dejándonos llevar por lo que alguien opine por ahí. Tengo otros datos históricos para mostrarte, Etíope. Presta atención:

Nuestro próximo testimonio de la doctrina eucarística de la recién nacida Iglesia viene también de Antioquía de Siria. Hacia el año 107 d. C., San Ignacio de Antioquía, obispo de Antioquía, escribió frecuentemente de la Eucaristía mientras viajaba hacia Occidente camino de su martirio. Habla de la Iglesia como <<el lugar del sacrificio>>[3]. Y a los de Filadelfia escribía: <<tened cuidado, entonces, de tener sólo una Eucaristía. Pues sólo hay una Carne de nuestro Señor Jesucristo, y un cáliz para mostrar en adelante la unidad de su Sangre; un único altar, como hay un solo obispo junto con los sacerdotes y diáconos, mis consiervos>>[4].

En su carta a la Iglesia de Esmirna, Ignacio arremete contra los herejes que, ya en aquella temprana fecha, estaban negando la doctrina verdadera: <<se mantienen alejados de la Eucaristía y de la plegaria, porque no confiesan que la Eucaristía es la Carne de nuestro Salvador Jesucristo>>[5]. Instruye a los lectores acerca de las notas de una verdadera liturgia: <<que sea considerada una Eucaristía apropiada la que es administrada por el obispo o por uno al que se lo haya confiado>>[6].

ORACIÓN: Amigo, te invito a que me acompañes haciendo esta oración:

“Señor, yo elijo ser del grupo de discípulos 

que aparecen en  Jn 6,68

quienes se quedan contigo 

y aceptan comer tu cuerpo y tu sangre; 

y no del grupo de Jn 6,66. 

Mi buen Jesús, yo no quiero marcharme de tu lado

 y estar tan próximo a  esos tres números (666) 

que curiosamente señalan 

al enemigo de todos los hijos de Dios.

Señor, sufro por quienes hoy, como ayer, 

niegan tu presencia real y verdadera en la Eucaristía; 

y en sus cenas de culto comen el pan, 

afirmando que tu presencia allí 

no es real, sino simbólica, 

cambiando en sus biblias las palabras 

“ESTO ES MI CUERPO; ESTO ES MI SANGRE”

por la expresión 

esto es COMO mi cuerpo…; esto es COMO mi sangre”

Señor, te pido perdón por quienes pecan 

contra el Espíritu Santo al calificar como engaño 

tu presencia real en la Eucaristía y también 

por quienes comemos tu cuerpo y tu sangre indignamente; 

no nos tomes en cuenta, Señor Jesús, este pecado. 

El hecho que narra Jn 6,66 

no es un hecho del pasado 

y no se quedó solamente en la Biblia; 

hoy se repite una y otra vez 

en quienes abandonaron la Eucaristía y ahora 

la enfrentan diciendo a otros que es mentira 

que Tú estás allí, vivo y verdadero. 

Aun son muchos los que dan la vuelta atrás 

y renuncian a ser tus discípulos. 

Yo, Señor, me quedo con Pedro y los doce Apóstoles,

quienes creen firmemente 

que sólo Tú tienes palabras de vida eterna 

y aceptan comerte de manera viva y verdadera 

en la Santa Misa (Jn 6,67-69), 

en ese pan celestial en el cual  

Tú te nos das como Cordero Inmaculado.

Señor, Tú que aclaraste la mente 

a los discípulos de Emaús, 

por medio de la fracción del pan (Lc 24,30)

ven y aclara la mente de aquellos 

que hoy dudan de tu presencia 

viva y verdadera en la Eucaristía. 

Jesús, al verte crucificado dando tu vida por nosotros,

comprendo que en la Eucaristía, 

memorial de tu Última Cena, estás entregándote. 

Antes de hacerlo en la cruz, 

lo haces en un trozo de pan y un poco de vino. 

Allí quiero estar, Señor, para comerte en ese pan y vino, y permanecer en unión íntima contigo”.

Señor Jesucristo, creo que tu palabra tiene poder 

y dices siempre la verdad; 

por eso cuando tú dices en la Última Cena: 

TOMEN, ESTO ES MI CUERPO… 
ESTA ES MI SANGRE…, 

no necesito estar viendo 

un trozo de carne o un poco de sangre real para creerte.

Como a Tomás el Apóstol, 

ven también a pronunciar sobre nosotros hoy 

aquella hermosa bienaventuranza de la fe: 

“DICHOSOS LQS QUE CREAN SIN HABER VISTO” 

(Jn 20,29).

Si tú dices que ese pan es tu cuerpo 

y que ese vino es tu sangre 

(Mt 26, 26-27Mc 14, 22-24Lc 22,19-20)

yo declaro que lo acepto diciendo AMÉN. 

Tus pedidos son mandatos para mi, 

y digo amén a que siempre hagamos en memoria tuya 

el sacrificio de comer y beber 

tu cuerpo y tu sangre (Lc 22,19) 

justo para la remisión de nuestros pecados 

y entrar en comunión íntima contigo. 

Señor, tus sentencias son admirables y me estremecen: “El que me coma vivirá por mí” (Jn 6,57); 

“Les aseguro, si no comen la carne del Hijo del Hombre 

y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes” 

(Jn 6,53), Amén.


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¿Podrías hablarme un poco acerca del Bautismo de los niños en los primeros cristianos?

(Diálogo inspirado en el encuentro 

entre el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40)

ETÍOPE: ¿Y PODRÍAS HABLARME UN POCO SOBRE EL BAUTISMO DE NIÑOS EN LA HISTORIA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS?

FELIPE: Por supuesto, Etíope, y tu pregunta es muy buena y oportuna. Fíjate, “la práctica de bautizar a los niños pequeños es una tradición inmemorial de la Iglesia. Está atestiguada explícitamente desde el siglo II”[1].Presentamos algunos testimonios:

IRENEO DE LYON (130-202 d.C.): Porque vino a salvar a todos: y digo a todos, es decir a cuantos por él renacen para Dios, sean bebés, niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Por eso quiso pasar por todas las edades: para hacerse bebé con los bebés a fin de santificar a los bebés; niño con los niños, a fin de santificar a los de su edad, dándoles ejemplo de piedad, y siendo para ellos modelo de justicia y obediencia; se hizo joven con los jóvenes, para dar a los jóvenes ejemplo y santificarlos para el Señor”[2]

ORÍGENES: (185-254 d.C.)La Iglesia ha recibido de los Apóstoles la costumbre de administrar el bautismo incluso a los niños. Pues aquellos a quienes fueron confiados los secretos de los misterios divinos sabían muy bien que todos llevan la mancha del pecado original, que debe ser lavado por el agua y el espíritu”[3]

Si los niños son bautizados “para la remisión de los pecados” cabe preguntarse ¿de qué pecados se trata?¿Cuándo pudieron pecar ellos? ¿Cómo se puede aceptar semejante testimonio para el bautismo de niños si no se admite que “nadie está exento de pecado, aun cuando su vida en la tierra no haya durado más que un solo día”?. Las manchas del nacimiento son borradas por el misterio del bautismo. Se bautiza a los niños porque “si no se nace del agua y del espíritu, es imposible entrar al reino de los cielos”[4]

HIPÓLITO DE ROMA (? – 235 d. C.)“Al cantar el gallo, se comenzará a rezar sobre el agua. Ya sea el agua que fluye en la fuente o que fluye en lo alto. Se hará así salvo que exista una necesidad. Pero si hay una necesidad permanente y urgente, se utilizará el agua que se encuentre. Se desvestirán, y se bautizarán los niños en primer término. Todos los que puedan hablar por sí mismos hablarán. En cuanto a los que no puedan, sus padres hablarán por ellos, o alguno de su familia. Se bautizará enseguida a los hombres y finalmente a las mujeres…”[5]

CIPRIANO DE CARTAGO (200-258 d.C.)Pero en relación con el caso de los niños, en el cual dices que no deben ser bautizados en el segundo o tercer día después de su nacimiento, y que la antigua ley de la circuncisión debe considerarse, por lo cual piensas que alguien que acaba de nacer debe no ser bautizado y santificado dentro de los ocho días, todos nosotros pensamos de manera muy diferente en nuestro Concilio. Porque en este curso que pensabas tomar, nadie está de acuerdo, sino que todos juzgamos que la misericordia y gracia de Dios no debe ser negada a ningún nacido de hombre

Por otra parte, la fe en la Escritura divina nos declara que todos, ya sean niños o mayores, tenemos la misma igualdad en los divinos dones…”[6]


1] CIC, 1252.

2] Ireneo de Lyon, Contra las herejías 2, 22,4. Carlos Ignacio González, S.J.,Ireneo de Lyon, Contra los herejes. Conferencia del Episcopado Mexicano, México 2000.

[3] Orígenes In Rom. Com. 5,9: EH 249. Johannes Quasten, Patrología i,Biblioteca de Autores Cristianos 206. Quinta Edición, Madrid 1995, pág. 395.

[4] Orígenes, In Luc. hom. 14, 1.5. Enrique Contreras, El Bautismo, Selección de textos patrísticos, Editorial Patria Grande, Segunda Reimpresión, Buenos Aires 2005, pág. 41.

[5] Hipólito, Tradición apostólica 20,21. Enrique Contreras, Idem, págs.. 45,47.

[6] Cipriano de Cartago, A Fido sobre el bautismo de infantes, Carta 58.


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¿Por qué se le llama ‘Iglesia’ y por qué ‘Católica’?

Texto Patrístico: San Cirilo de Jerusalén. Nació: ¿?; murió, año 386 d. C.

Resultado de imagen»Católica»: éste es el nombre propio de esta Iglesia santa y madre de todos nosotros; ella es en verdad esposa de nuestro Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios (porque está escrito: Como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a si mismo por ella, y lo que sigue), y es figura y anticipo de la Jerusalén de arriba, que es libre y es nuestra madre, la cual, antes estéril, es ahora madre de una prole numerosa.

En efecto, habiendo sido repudiada la primera, en la segunda Iglesia, esto es, la católica, Dios – como dice Pablo- estableció en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, y toda clase de virtudes: la sabiduría y la inteligencia, la templanza y la justicia, la misericordia y el amor a los hombres, y una paciencia insuperable en las persecuciones.

Ella fue la que antes, en tiempo de persecución y de angustia, con armas ofensivas y defensivas, con honra y deshonra, redimió a los santos mártires con coronas de paciencia entretejidas de diversas y variadas flores; pero ahora, en este tiempo de paz, recibe, por gracia de Dios, los honores debidos, de parte de los reyes, de los hombres constituidos en dignidad y de toda clase de hombres. Y la potestad de los reyes sobre sus súbditos está limitada por unas fronteras territoriales; la santa Iglesia católica, en cambio, es la única que goza de una potestad ilimitada en toda la tierra. Tal como está escrito, Dios ha puesto paz en sus fronteras.

En esta santa Iglesia católica, instruidos con esclarecidos preceptos y enseñanzas, alcanzaremos el reino de los cielos y heredaremos la vida eterna, por la cual todo lo toleramos, para que podamos alcanzarla del Señor. Porque la meta que se nos ha señalado no consiste en algo de poca monta, sino que nos esforzamos por la posesión de la vida eterna. Por esto, en la profesión de fe, se nos enseña que, después de aquel artículo: La resurrección de los muertos, de la que ya hemos disertado, creamos en la vida del mundo futuro, por la cual luchamos los cristianos.

Por tanto, la vida verdadera y auténtica es el Padre, la fuente de la que, por mediación del Hijo, en el Espíritu Santo, manan sus dones para todos, y, por su benignidad, también a nosotros los hombres se nos han prometido verídicamente los bienes de la vida eterna.

▪Fuente: SAN CIRILO DE JERUSALÉN,
Catequesis 18,26-29

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