Etiqueta: ¿Porqué soy católico?

A la Biblia le quitaron varios libros inspirados por Dios

Pbro. Héctor Pernía, mfc

¿Cuáles son los libros que le quitaron a la Biblia?

(88) Estos son: Tobías, Judit, Baruc, Sabiduría, Eclesiástico, 1 y 2 de Macabeos y algunas partes de Daniel y de Ester. Los cristianos creemos que estos libros son inspirados por Dios porque los utilizaron Jesucristo y las comunidades cristianas primitivas, y porque solemnemente así los reconoció la Iglesia de Cristo asistida por el Espíritu Santo.

¿Cómo sabemos que esos libros son inspirados por Dios?

(89) Mostremos varias evidencias:

a. En Jn 10,22-23, leemos que Jesús paseaba en el templo durante la fiesta de la dedicación. Estas fiestas celebraban la re-consagración del templo por Judas Macabeo después de la profanación por parte del rey Antíoco de Siria en el año 168 antes de Cristo, lo cual está escrito en 1Mac 4,52-59 y 2Mac 10,5-8. Pero este libro fue excluido de la Biblia por los protestantes. Si esa fiesta no fuese un deber con Dios Jesucristo no hubiese ido a participar.

b. Lo que leemos en 2Mac 5,24-27; 6,3-9 Jesús lo está mencionando en Mt 24,15-16, refiriéndose al cumplimiento de la profecía hecha en Dn 9,27 y a los lamentos del pueblo de Israel que aparecen en el Sal 74,1-9.

c. El caso que los judíos le mencionaron a Jesucristo en Mc 12,18-27 corresponde a lo que leemos en Tb 3,7-9. Si ese libro no fuese inspirado por Dios Jesucristo le pudo haber dicho a los judíos algo así: ‘¿Por qué me citan un pasaje de un libro que no fue inspirado por Dios?’

d. He aquí más pruebas de que esos libros fueron usados en el Nuevo Testamento: a) 2Mac 7,9.14 con Hb 11,35; b) Sb 3,5-6 con 1Pe 1,6-7; c) Sb 13,1-9 con Rm 1,18-32.

¿Quiénes le quitaron a la Biblia esos libros? ¿Por qué lo hicieron?

(90) a. Los primeros en hacerlo fueron miembros de una escuela judía a finales del siglo primero de la era cristiana en la ciudad de Jamnia, ubicada en Palestina. Ellos elaboraron una lista que cerrara el canon siglos antes de la venida de Cristo con la expresa intención de distanciarse del cristianismo y eliminaron esos siete libros, justamente, porque Jesucristo y los primeros cristianos los reconocieron y utilizaron como inspirados por Dios. Tales libros correspondían al canon o lista griega de 46 libros, la más utilizada por los judíos en general en los siglos previos y en la Iglesia naciente, ya que la mayoría de los judíos hablaba el griego y eran muy pocos los que hablaban el hebreo, lengua en la cual estaban escritos los 39 libros del canon palestinense, y que fue el canon con el cual se quedó aquel grupo de judíos reunido en Jamnia.

b. Luego fue en el año 1520 con Carlostadio, en 1534 con Martín Lutero, y en 1540 con Calvino, que nuevamente esos libros volvieron a ser eliminados de la lista de libros sagrados, sin Concilios y sin mayores consultas, sino decidiendo por sí mismos. Ellos, aunque no reconocieron esos libros como inspirados por Dios, nunca los quitaron realmente de la Biblia; sino que los pasaron, como apéndice, al final del canon; y así permanecieron hasta 1835 cuando por primera vez, en Estados Unidos los quitaron por completo. ¿Y con qué autoridad? Por dinero. Presiones de tipo económico de una imprenta, llevó a grupos protestantes a quitarlos definitivamente. El que busca encuentra; y cualquiera que busque encontrará lo mismo que aquí está leyendo.

c. Pregunta para reflexión: Cada uno debe hoy darse cuenta de qué lado se encuentra y, en adelante, de qué lado va a estar: ¿del lado de los judíos que en Jamnia negaron esos libros y de los protestantes que en los siglos XVI y XIX hicieron lo mismo?, ¿o del lado de Jesucristo y de los cristianos que los utilizaban y reconocían como sagrados?


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HF-VIDEO / Biblia y Tradición

La Palabra de Dios y la Iglesia.

Pbro. Héctor Pernía, mfc

Biblia y Tradición se necesitan.

(83) Como dice el Papa Emérito Benedicto XVI: “Si la Biblia contiene la Palabra de Dios, la Tradición de la Iglesia la conserva y la transmite fielmente, para que las personas de todos los tiempos puedan acceder a sus inmensos recursos y enriquecerse con sus tesoros de gracia. Por eso la Iglesia, “en su doctrina, en su vida y en su culto transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que ella cree”…”[1]

¿Qué fue primero, la Biblia o la Iglesia?

a. Un día el padre Luis Toro, sacerdote venezolano, le hizo esta pregunta a un pastor protestante; el cual respondió sin titubear: ‘De lógica que la Biblia, y al leerla, cada uno pasa a ser parte de una iglesia o fundarla, por eso la Biblia la puede interpretar cada uno a su manera’. Y el padre Luis Toro le corrigió diciéndole:

b. En primer lugar, si revisamos el momento de la fundación de la Iglesia tendremos que revisar Mt 16,18. Y veremos entonces que fue el mismo Jesús quien fundó Su Iglesia en la persona de Pedro y en ese momento aún no existía la Biblia. Solamente teníamos el Antiguo Testamento.

c. Datos históricos nos dicen que los Evangelios se comenzaron a escribir 30 o 40 años después de la muerte y resurrección del Señor. Y en ese tiempo aún no teníamos la Biblia como tal, pero ya teníamos Iglesia.

d. El mensaje de Salvación comenzó a transmitirse de palabra, y siguiendo la Tradición que iban recibiendo de los apóstoles, y que ellos enseñaban en cada comunidad a la que iban a predicar (cf. 1Cor 11,2; 2Tes 2,15; 2Tim 2,2; 1Cor 15,3; Fil 4,9).

f. Luego, los apóstoles seguían acompañando la formación de esas comunidades a través de cartas: a los Corintios, Efesios, Romanos, etc. Pero eran sólo eso: cartas inspiradas por Dios, pero dispersas en esas comunidades. Aún no teníamos Biblia, pero sí teníamos Iglesia.

g. A partir del año 382 en Roma, y en otros Concilios posteriores, proclamaron solemnemente que los aceptados eran Palabra de Dios, y nació la Biblia; cuya palabra significa: recopilación de varios libros, como una pequeña biblioteca (Ver: GB, N° 86).

h. Queda claramente demostrado que primero fue la Iglesia Católica, y que fue ella la que hizo la Biblia y dijo: ‘inspirada por el Espíritu Santo’, que lo escrito allí es palabra de Dios. Y hoy día es aceptada como tal, por católicos y otros cristianos no católicos, incluso por aquellos que atacan a la Iglesia Católica, la creadora de esa Biblia en la que ellos creen.

Hay grupos que niegan que la Biblia proviene de la Iglesia Católica.

(85) a. El príncipe de las tinieblas, valiéndose de sus siervos a los que hace llamar pastores, ha hecho satanizar la historia a sus seguidores para que no conozcan el verdadero origen de la Biblia; y, por otro lado, les hace casi que ‘dogmatizar’ y no ir más allá de las propias ocurrencias personales, para así mantenerles vendados y evitar que descubran la luz de lo que ignoran. Pero aquí pueden quitarse la venda y ver lo que el diablo no quiere que vean: la reveladora prueba y noticia de que el amor que hoy sienten por la Santa Biblia sorprendentemente los ha llevado, aún sin saberlo, a pertenecer mucho más que antes a la Iglesia Católica.

b. Esta rotunda verdad estremecerá como nunca el piso de los más coherentes y más sensatos de entre estos hermanos; quienes dirán: ‘¡No puede ser! ¡Cuán ciego he sido todos estos años!’ Pero, como seguro querrán datos históricos y exactos que demuestren que la Biblia viene de la Iglesia Católica, aquí se los facilitamos a continuación:

¿Cómo y cuándo nació la Biblia?

(86) a. Entendiendo como Biblia la lista total y definitiva de los libros inspirados por Dios, su nacimiento se llevó a cabo a partir del siglo cuarto después de Cristo. El tiempo anterior, el Antiguo Testamento y la comunidad cristiana primitiva, los podemos representar con el tiempo de la placenta donde el niño desde su gestación se va poco a poco formando y preparando para su nacimiento.

b. Siglos I y II: Entre finales del siglo primero y comienzos del segundo, de la fe transmitida mediante la tradición oral y escrita, los primeros discípulos recogieron de manera escrita los evangelios y las cartas que hoy nos dan a conocer a Cristo.

c. Siglos IV y V: Entre los años 382 y el 419 d. C. la Iglesia Católica estableció el canon de la Biblia, con la lista de 73 libros sagrados (46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo). Esto se llevó a cabo en cuatro Concilios:

  • Concilio de Roma (382 d. C): convocado por el Papa Dámaso I. Encargó a su secretario San Jerónimo la traducción completa de la Biblia del griego al latín (La Vulgata).
  • Concilio de Hipona (393 d. C.): ciudad donde nació San Agustín.
  • Concilio de Cartago (397 d. C).
  • Concilio de Cartago (419 d. C): estuvo San Agustín presente defendiendo el Apocalipsis como libro inspirado por Dios.

El Papa que concluyó el proceso fue el Papa San Bonifacio I. Treinta y siete años de paciente discernimiento, en cuatro Concilios, durante seis períodos papales, desde San Dámaso I hasta San Bonifacio I, le llevó a la Iglesia Católica establecer toda la Biblia.

d. Concilio de Trento (1546 d. C.): en respuesta a la rebelión protestante iniciada por Martín Lutero que negó varios libros como inspirados por Dios, la Iglesia Católica abrió de nuevo el debate acerca del canon bíblico. Este Concilio no hizo ninguna modificación al canon aprobado en el Concilio de Cartago en el año 419 d. C), al cual declaró como Dogma de Fe.

f. Reflexión: De este modo se fue cumpliendo, paso a paso, lo que Cristo anunció de la Iglesia que fundó y sobre la cual sopló el Espíritu Santo (Jn 20,22): “El Espíritu Santo le guiaría hasta la verdad completa” (Jn 16,13); “… por medio de su palabra creerán en mí” (Jn 17,20). “En ella está la columna y el fundamento de la verdad” (1Tim 3,15). La Iglesia que nos dio la Biblia no decidió sola. Es la misma Iglesia que en el primer gran Concilio de Jerusalén, reseñado en Hch 15,28, proclamó: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…”.

Dicen que se separaron, pero ahora son fuertemente católicos.

(87) a. Y no hay modo de que las tinieblas puedan tapar la luz de tan radiante noticia. ¿Y cuál es la prueba o evidencia? El celo, muyo mayor que el de antes, con que aman y llevan a todas partes la Biblia enseñando que allí está la Palabra de Dios. Antes de negarlo, deben ir a fondo, hasta sus últimas consecuencias, a responder estas preguntas:

b. ¿Quién, cuándo, dónde y con qué autoridad fue que se estableció la lista de los veintisiete libros del Nuevo Testamento en un solo canon junto a los del Antiguo Testamento?

c. ¿De qué autoridad se valen para predicar que la Biblia fue inspirada por Dios? Si reconocen lo que establece esa autoridad, ¿cómo es que dicen que no acatan lo que esa autoridad decide?

d. ¿Para dejar de ser católicos no deberían de enfrentar la Biblia al igual que lo hacen con las imágenes, el Papa y los Santos?

e. Creyendo que la Biblia es Palabra de Dios, ¿cómo hacen para decirle a los demás que no son católicos?

f. Estos hermanos rinden gran honor a Martín Lutero; y probablemente desconocen lo que el mismo llegó a admitir: “Estamos obligados de admitir a los Papistas que ellos tienen la Palabra de Dios, que la hemos recibido de ellos, y que sin ellos no tendríamos ningún conocimiento de ésta” (Comentario sobre San Juan).


[1] BENEDICTO XVI, “Transformados por la fe”, Op. Cit. p 25.


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HF-VIDEO / Biblia y Tradición

Sanemos el lenguaje: ¿cristianos, católicos o evangélicos?

74-. Con un lenguaje contaminado, ¿cómo lograr que todos seamos uno? ( Jn 17,21)

  • a. Tanto fuera como dentro de la Iglesia Católica hemos sido obstáculo y causa de hacer cada vez más difícil el camino hacia la unidad en los cristianos.
  • b. De ambos lados abunda una fuerte contaminación del lenguaje, cada vez que al hablar de quienes se fueron de la Iglesia, desvirtuamos la identificación de palabras como: ‘evangélicos’, ‘cristianos’, ‘imagen’, ‘veneración’, ‘intercesión’, ‘católicos’, ‘rezar’, ‘tradición’, ‘religión’, entre otras. Es una costumbre enferma que debe sanarse, y todos debemos reconocer y comenzar a reparar los propios errores. ¿Cuántas veces no hemos dicho: ’tal persona era católica y ahora se volvió cristiana…’ o también: ’fulano era católico y ahora se metió a evangélico’; o esta otra: ’los evangélicos hablan mal de la virgen María, de las imágenes y del Papa’? Yo le pregunto a estos hermanos católicos:
  • c. ¿Desde cuándo ustedes se apartaron del evangelio o se salieron de cristianos?
  • d. ¿Acaso el diablo y sus siervos no iban a introducir cizaña en el lenguaje cristiano para, dividiendo el sentido de las palabras, dividirnos a los hijos de Dios, apartarnos del evangelio, y llevarnos a un escandaloso anti testimonio de discordias, disputas y desentendimientos?
  • e. ¿Cómo alcanzar la unidad entre los cristianos y cómo encontrarnos en la verdad, si no comenzamos por purificar y sanar el lenguaje rectificando lo que decimos?
  • f. Aprendamos de los periodistas y abogados la suma prudencia que tienen en cada palabra que pronuncian al emitir una opinión para protegerse de alguna demanda en su contra.

75-. Las imprudencias en el lenguaje ocasionan accidentes y heridos en la fe:

  • a. No ha de extrañarse el católico por qué los hermanos esperados le abordan siempre diciendo: ‘reciba a cristo’ o ‘cristo te ama’. ¡Y es que es obvio! Al decirle iglesias cristianas, cristianos o evangélicos a los que no son católicos, se sobreentiende que los católicos le estamos diciendo a todos que nuestra Iglesia y nosotros no somos nada de lo que ellos son. ¡Qué tropiezo y qué imprudencia! ¿No es acaso ese anti testimonio una reedición de las negaciones de Pedro? Y más grave que él, quien sólo cometió el error tres veces.
  • b. Cuando un católico está negando ser evangélico, o dando a entender que su Iglesia no es cristiana, está negando a Cristo y al Evangelio, y ya no tiene a Dios (1Jn 2,22-23) sino al diablo. Por negar a Cristo, Él nos negará ante el Padre; así dijo el Señor: “Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos” (Mt 10, 32-33; Lc 12,8-9). Y no digamos ahora que no lo hemos negado, porque más de una vez le hemos señalado como cristianos y evangélicos a los que se salen de la Iglesia Católica, diciendo así que nosotros con Cristo no andamos.

76-. ¿En qué perjudica que digamos que evangélicos y cristianos son los protestantes?

  • a. Porque con eso se construye y se genera una matriz de opinión que confunde y desorienta las bases del pueblo de Dios (católicos y no católicos), desintegrando en el cuerpo de Cristo la comunión y la unidad; y más grave aún, porque nos llenamos de tinieblas y cerramos la puerta de la luz a los hermanos que, desinformados de su situación de apostasía, podrían hasta decir: ‘hasta los mismos católicos confirman actualmente, en todas partes, que los evangélicos y los cristianos somos nosotros y no ellos’.
  • b. Porque hace pensar así a muchos católicos: ‘si los evangélicos y los cristianos son ellos, entonces es allá donde está Cristo y el evangelio; y no aquí en la Iglesia Católica’. Tendrían razón en decir: ‘Para poder estar con Cristo y con el Evangelio, tenemos que dejar esta Iglesia y cambiarnos para allá’. He oído a católicos decir: ‘me voy a meter a cristiano’ ¿sorprendente verdad? Esas son las consecuencias de toda esta ambigüedad.
  • c. Porque le hacen pensar a los hermanos esperados: ‘si los evangélicos y cristianos somos nosotros, y así lo confirman muchos de sus propios obispos y sacerdotes cuando hablan de nosotros, entonces es porque los que estamos con Cristo y con el evangelio somos nosotros. Por eso estamos aquí y no tenemos nada que ir a buscar con los católicos’.
  • d. Me sorprende y me consterna, que la Iglesia responsable de custodiar íntegramente el Evangelio; la que es columna y fundamento de la verdad, identifique como evangélicos a personas y grupos que predican otros evangelios diferentes al que Cristo nos reveló. ¿A quién le hacemos el favor?, ¿A Dios o al diablo? ¿Acaso el Evangelio es dividido? Y eso que muy claramente Dios nos lo advierte en las Sagradas Escrituras: “Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto a Aquel que según la gracia de Cristo los llamó y se pasen a otro evangelio. Pero no hay otro; solamente hay personas que tratan de tergiversar al Evangelio de Cristo y siembran confusión entre ustedes. Pero aunque nosotros mismos o un ángel del cielo viniese a evangelizarlos en forma diversa a como lo hemos hecho nosotros, yo les digo: ¡Fuera con él!  Se lo dijimos antes y de nuevo se lo repito: si alguno viene con un evangelio que no es el que ustedes recibieron, ¡maldito sea! ¡Anatema! ¿Con quién tratamos de conciliarnos?: ¿con los hombres o con Dios? ¿Acaso tenemos que agradar a los hombres? Si tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo.” (Ga 1,6-10).

77-. ¡Católicos; nosotros somos evangélicos!

  • a. Y no como título o identidad prestada o tomada de otros. Somos evangélicos de vientre y cuna. ¡Y son tantas las razones!:
  • b. Somos de la Iglesia que recibió directamente de Cristo el Evangelio. O sea, nuestra Iglesia Católica es evangélica desde su nacimiento.
  • c. Somos evangélicos porque entre el siglo I y comienzos del siglo II los primeros miembros de nuestra Iglesia, los apóstoles y sus primeros sucesores, fueron los que escribieron todo el Nuevo Testamento.
  • d. Somos evangélicos porque los miembros de la Iglesia Católica de los siglos cuatro, cinco, y el quince, en cinco Concilios (Ver: GB, N° 86), fueron los que establecieron que los evangelios inspirados por Dios eran cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y no cinco o seis o más. En estos Concilios nació todo el canon bíblico.
  • e. Somos evangélicos porque cada vez que vamos a la Santa Misa se proclama el Evangelio y se predica el Evangelio; porque lo intentamos vivir todos los días.
  • f. Somos evangélicos porque la doctrina que nos enseña la Iglesia Católica es justa y coherente a lo que encontramos en los Evangelios y en el resto de las Sagradas Escrituras.
  • g. Llamemos las cosas como son. Y no vamos a caer en cuenta de esta preciosa verdad hasta el día que cuidemos con prudencia cada palabra que decimos. Los católicos tenemos el deber y el llamado de Dios a anunciar y predicar la fe en la que fuimos bautizados; y no ha de preocuparnos, en absoluto, lo que otros puedan pensar. Nadie debe enojarse, sino más bien alegrarse, de que los católicos descubramos y recuperemos nuestra propia identidad. No hablamos ni vivimos para agradar a hombres sino a Dios (cf. Ga 1,10).

78-. ¡Católicos; nosotros somos cristianos!

  • a. Porque estamos correctamente bautizados y así llamaron a los primeros seguidores de Cristo.
  • b. Porque el origen y el fundador de nuestra Iglesia es Jesucristo (cf. Mt 16,17-19); y, si la raíz es Cristo, ¿cómo corresponde que se llaman el tronco y las ramas, los miembros de la Iglesia que él fundó? ¿Cristianos, verdad? ¡Entonces, católico, recoge tu identidad! ¡Tú eres cristiano! Y, en adelante, ¡no niegues lo que eres!
  • c. ¡Vigilemos la boca! No digamos nunca más: ‘la joven o la señora tal era católica y ahora es cristiana’, no sea que nos traguemos los insectos de las malas costumbres que circulan alrededor y nos sigan haciendo daño. Y no justifiquemos luego nuestra imprudencia para salir del paso excusándonos y diciendo: ‘Es que así es que les dicen’. Los mismos que decimos que siempre debemos ser evangelizadores, somos a veces los primeros en llenar de tinieblas nuestra manera de expresarnos.

79-. Grave crisis de identidad y de pertenencia a la Iglesia Católica.

  • a. Gran parte de los católicos actuamos con indiferencia, relativismo, ambigüedad y con un escasísimo sentido de pertenencia por la propia Iglesia a la que pertenecemos. Vienen otros, se llevan para sus improvisados lugares de culto lo que es de nuestra identidad, el ser ‘cristianos’ y ‘evangélicos’, y hasta la propia biblia, y luego, para rematar, se oye decir en muchos católicos: ‘¡Qué me importa; No me hacían falta! ¿Y cuál es el problema? ¡A mí me da igual!’ ¿Por qué no decimos igual si nos despojan nuestro propio número de cédula de identidad y nuestros demás documentos personales?
  • b. Parece que nos importan más nuestras pertenencias materiales y los bienes de este mundo, por los que armamos todo un lío si alguien nos los trata de quitar, que por los asaltos que le hacen a nuestra fe. Está claro que la Biblia, por ejemplo, no es sólo para los católicos, y que su mensaje de salvación es para todas las naciones y no debemos sentir celos sino más bien alegría de que otros la usen; sabemos que Dios es su autor, pero debemos ser firmes en reconocer y anunciar que su vientre, su cuna y su mayor difusor es la Iglesia Católica (Ver: GB, N° 86).
  • c. Hablo ahora por mí. Soy sacerdote católico, evangélico y cristiano; soy evangelista y soy pastor. Esa es mi identidad y mi oficio cotidiano. Y ahora, tú, hermano católico, hermana católica, ¿cuál es tu identidad? No tengas miedo de anunciar quién eres.

80-. ¿Cómo decirle evangélico a quien predica en oposición a lo que está en el Evangelio?

  • a. Y no se trata de levantar muros de distanciamiento o de fundamentalismos, ni tampoco son actitudes anti ecuménicas. Estamos hablando de la fidelidad al Evangelio.
  • b. ¿Cómo llamar evangélico o cristiano a quien predica que Jesucristo no fundó ninguna Iglesia y que es mentira que nombró a Pedro como su Vicario?
  • c. ¿Cómo decirle evangélico a quien en nombre del mismo Jesucristo predica que es anti bíblico el sacramento de la Confesión, que es mentira que Él esté vivo en la Hostia Consagrada, que su madre no es ninguna Madre de Dios y que no es virgen? ¿Cómo llamarle evangélico?
  • d. Sin propósitos de ofender y con el único anhelo de ayudar a todos mis hermanos cristianos, el término que les corresponde en justicia es ‘anti evangélicos’. Les podemos y debemos decir ‘evangélicos’ y “cristianos”, cuando estén diciendo lo que está en el Evangelio sin desvirtuarlo o contrariarlo. Es lo justo y necesario, en aras de abrir caminos hacia la luz, la reconciliación y la verdad.
  • 81-. ¿Cómo podemos llamar a quienes dicen que no son católicos?
  • a. Lo primero, es la urgente necesidad de usar otros términos que no sean ni ‘evangélicos’ ni ‘cristianos’. Nada nos cuesta buscar otro modo de identificarlos.
  • b. Les podemos decir ‘hermanos esperados’; mucho mejor que ‘hermanos separados’. ¡Eso no los va a ofender! Al contrario; es un modo muy fraterno de hacerles sentir como lo que realmente son: hermanos de una misma familia de la cual un día decidieron irse; pero que con los ojos misericordiosos de Cristo, los miramos no con resentimientos, enojos o rechazo; sino diciendo: ‘Perdónales, Padre; no saben lo que hacen’ (Lc 23,34).
  • c. Los asumimos con la esperanza puesta en Dios, de que algún día, en esta vida o en la otra, encontrarán en la Iglesia que dejaron a un lado, lo que tanto anhelaron: la plenitud de la verdad, la plenitud de Cristo.

82-. No le digamos ‘iglesia’, ‘cristiano’ o ‘evangélico’ a cualquier lugar de culto.

  • a. ¿Cómo puede alguien creer tan rápidamente que un lugar de culto es ‘cristiano’ o ‘evangélico’, o incluso, ‘católico’, tan sólo por escuchar que les dicen así o que se hacen llamar así? De todos es sabido que hay miles de falsas iglesias y que si salimos a buscar una sola de ellas, no aparecen por ninguna parte. Cada una dice: ¡Ésta no es! ¡Nosotros no somos ninguna falsa iglesia! ¡Las falsas iglesias son las demás! ¡Jumm! ¡Hasta el más ciego se da cuenta de las cosas!
  • b. Cuidado con las apariencias…; las flores artificiales, por muy hermosas que se vean y muy costosas que sean, no logran dar semillas para dar vida a nuevas flores. Tampoco lugares de culto falsos van a proporcionar el camino verdadero y seguro para la salvación de las almas. Podrán tener parte de la Verdad, pero no porque de allí esa verdad nació, sino porque fue tomada y substraída de la Iglesia madre de la cual derivan y dicen haberse separado.
  • c. ¿Qué podemos hacer? Guiarnos por la Palabra de Dios que dice: “Todo el que se excede y no permanece en la doctrina de Cristo, no posee a Dios. El que permanece en la doctrina, ése posee al Padre y al Hijo” (2Jn 1,9).

¿Dónde sale en la Biblia Iglesia Católica?

Resultado de imagen para iglesia catolica en la biblia72-. Es igual a decir: ¿dónde sale en la Biblia Iglesia Universal?

  • a. Ambos adjetivos: católica y universal, significan lo mismo; son sinónimos. La universalidad-catolicidad de la Iglesia de Dios está presente de modo abundante en las Sagradas Escrituras:
  • b. Dios es universal y totalidad; y la Iglesia, que es su Morada (cf. Ap 21,2-3), es y ha de ser también universal y totalidad, que es lo mismo que decir: ´católica’.
  • c. Dios hizo al ser humano a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26-27) ¿Cómo ha de ser el ser humano, si está llamado a ser perfecto cómo su Creador? (cf. Mt 5,48). Su corazón también ha de ser universal y católico como su Hacedor, para todos por igual, sin exclusivismos. También, por destino, debe ser católico; porque Dios es su destino y él es universal.
  • d. Le dijo a Abraham: “En ti serán bendecidas todas las razas de la tierra” (Gn 12,3). “Serás padre de una multitud de naciones. De ti saldrán naciones y reyes, de generación en generación” (Gn 17,1-6). La Iglesia fundada por Cristo, es la herencia directa de esa promesa y de esa alianza hecha a Abraham. Los que a esta Iglesia se incorporan y pertenecen son los bendecidos que participan de la herencia de ser hijos de Dios; y es, a ésta Iglesia, a la que Cristo le confió y le dio el mandato de llevar a todas las naciones su obra salvadora de hacer discípulos suyos a todos los pueblos bautizándoles en nombre del Dios trino (cf. Mt 28,18-20): “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación” (cf. Mc 16,15).

73-. Más sobre la catolicidad de la Iglesia de Cristo:

  • a. A sus apóstoles “los envío a proclamar a todas las naciones, en su nombre, el arrepentimiento y el perdón de los pecados” (Lc 24,47). Y les anunció: “recibirán la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra” (Hch 1,6-14).
  • b. Envió a Pablo y le dijo: “Anda; ahora te voy a enviar lejos, a las naciones paganas” (Hch 22,21). La Encarnación de nuestro Señor Jesucristo, su muerte en la cruz, la redención que nos dio, su Resurrección, y la misma Iglesia que fundó, son tal como Él es: universal, totalidad; es católico: para todos los tiempos, pueblos, culturas y naciones.
  • c. Decir ‘no estoy de acuerdo’ no es suficiente. Se requiere disponer de documentación bíblica e histórica auténtica para demostrar que universal y católico no son sinónimos y lo mismo.
  • d-. Refiriéndose al pueblo de Dios, el Papa Emérito Benedicto XVI dice: “Es un pueblo “católico”, universalmente abierto a acoger a todos, que habla lenguas nuevas, más allá de toda frontera, haciendo caer todas las barreras. Dice San Pablo: “Donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo en todos”[1] (Col 3,11)
  • e. Puedes ampliar más en, Catequesis de San Cirilo de Jerusalén (313 – 387 d. C.), sobre Iglesia Una, Santa y Católica en esta dirección: <http://www.mercaba.org/TESORO/CIRILO_J/Cirilo_20.htm>.

[1] BENEDICTO XVI, “Transformados por la fe”, Catequesis de Benedicto XVI en el Año de la Fe (2012-2013), compiladas por PATRICIO OLMOS, en «Ediciones Logos», Rosario, Argentina, 2013, p. 24.

Iglesia, católico y secta: ¿qué significan?

Pbro. Héctor Pernía, mfc

Estos son los conceptos:

(71) a. Iglesia: (Del latín ‘ecclesia’, y del griego ‘ekklesia’, asamblea). Congregación de los fieles cristianos en virtud del bautismo. Su principal característica es la universalidad, y Cristo la fundó para todas las naciones, pueblos, generaciones y culturas; es decir, la fundó por origen, naturaleza y misión: ‘católica’.

b. Católico[1]: (Del latín ‘Catholicus’, y del griego ‘Katholik’, universal). Lo que es universal (que comprende o es común a todos), se extiende a todo el mundo. Así se calificó así a la Iglesia fundada por Cristo. Verdadero, cierto, infalible, de fe divina. En otros diccionarios podremos encontrar que católico significa lo más auténtico o lo más original; y también se usa de modo figurado como: sano, perfecto. Suele usarse en la frase no estar muy católico. Y secta, lo que es contrapuesto, lo que ha añadido modificaciones o cambios a lo más auténtico y original.

c. Secta: Conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica. Doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra. Conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa.

d. En resumen: no ser católico es alejarse de Jesucristo. Quien dice no ser católico, está confesando públicamente que se desliga o se desentiende de lo que es de la Iglesia, para todos, y se repliega o reduce a lo que es su propio modo de pensar o a las doctrinas elaboradas de alguna denominación protestante.


[1] LAROUSSE, «católico», en El Pequeño Larousse Ilustrado, México, 2001, p. 217.

Dicen algunos: ‘Yo no soy católico, yo soy cristiano’

Pbro. Héctor Pernía, mfc

Decir ‘cristiano’ es decir ‘católico’,

(68) y viceversa; porque así era la identidad de la Iglesia primitiva. Esto podemos confirmarlo con fuentes históricas de los primeros siglos.

Un documento que los falsos pastores nunca le van a mostrar a sus seguidores.

(69) a. El texto siguiente es tomado de una antiquísima fuente que data del año 107 después de Cristo, y se encuentra en el numeral 8 de una carta pastoral que le dirigió un discípulo del apóstol Juan, llamado Ignacio, a la comunidad de los Esmirnas.

b. Dice así: “porque donde quiera que está Jesucristo allí está la Iglesia Católica”[1]. Es muchísimo más que una simple frase, y puede decidir el rumbo de muchos cristianos que andan buscando la verdad. Fue escrita siendo Ignacio el obispo de Antioquía mientras iba de camino a su martirio en Roma.

c. No se puede llamar mera casualidad que tal carta haya salido de la ciudad de Antioquía, la misma ciudad donde por primera vez llamaron cristianos a los discípulos de Cristo. Por eso, decir católico es igual a decir cristiano.

d. Ya en el año 375 d.C., San Pacián de Barcelona, en su Carta a Sympronian, escribió: “Cristiano es mi nombre, y Católico mi apellido. El primero me denomina, mientras que el otro me instituye específicamente. De esta manera he sido identificado y registrado… Cuando somos llamados Católicos, es por esta forma, que nuestro pueblo se mantiene alejado de cualquier nombre herético.”

No ser católico es ser lo contrario.

(70) El que acepta la fe católica camina hacia lo comunitario y el que la rechaza camina hacia el individualismo, el egoísmo y lo sectario. Es anti cristiano tomar por costumbre los dictámenes del propio “yo” como medida a prevalecer sobre lo que digan o piensen otras personas, incluso más preparadas y cultas a las que se les censura para silenciarlas. Hoy se ha expandido la epidemia del desaire ante todo lo que sea pecado, ante Dios y ante lo que es de todos y para todos. Es la enfermedad quizás más extendida en la actualidad: la soberbia del hombre ante Dios, del individuo ante la comunidad, del propio modo de pensar ante la fe de la Iglesia.


[1] IGNACIO de Antioquía, “Carta a los Esmirnas”, 8, en «www.clie.es», <http://escrituras.tripod.com/Textos/EpIgnacio. htm>, (Ingreso: 27-07-2015).

¿Qué necesito yo para recibir a Jesucristo? 

Diálogo inspirado en el encuentro entre 

el Etíope y Felipe en Hch 8, 26-40 

FELIPE: Ser un discípulo incondicional. El discípulo respeta al Maestro y le obedece en todo, pues le ama y ama sus mandatos. Toma a María, su Madre, como maestra y modelo, pues ella fue la primera que lo recibió y lo conoció incluso mejor que los doce Apóstoles. María nos lleva a Jesús; nunca nos alejaría de Él. Ella dijo: “Yo soy la sierva del Señor, hágase en mí tal como has dicho.” Después la dejó el ángel (Lc 1,38).

Recibo a los Apóstoles y a sus legítimos sucesores: “El que los recibe a ustedes, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un profeta.”(Mt 10, 40). “En verdad les digo: el que reciba al que yo envíe, a mí me recibe, y el que me reciba a mí, recibe al que me ha enviado.” (Jn 13,20)

Recibo a la Virgen María y la llevo conmigo: “Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre.” Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa”. (Jn 19,26-27)

Recibo la Iglesia por Él fundada porque sólo Ella es su cuerpo, y no otra iglesia posterior fundada por hombres: Dios colocó todo bajo sus pies, y lo constituyó Cabeza de la IglesiaElla es su cuerpo y en ella despliega su plenitud el que lo llena todo en todos”(Ef 1,22). “El hombre es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo salvador” (Ef 5,23)Más citas sobre la Iglesia-Cuerpo de CristoCol 1,24Ef 5,24-27

Acepto la Iglesia Católica como Cristo la tomó: ella es su Esposa. “Alegrémonos, regocijémonos démosle honor y gloria, porque han llegado las bodas del CorderoSu esposa se ha engalanado” (Ap 19,7); “…Ven, que te voy a mostrar a la novia, a la esposa del Cordero.” (Ap 21,9)

ORACIÓN

(Felipe y Etíope): 

¡Oh, Jesucristo! 

Yo te recibo a ti INCONDICIONALMENTE 

como MI SEÑOR y mi Dios 

y me reconozco a mí mismo como tu DISCÍPULO. 

Señor, a todo lo que tú dispongas, todo lo que tú organices, mandes, autorices o enseñes, yo sólo diré AMÉN…  

En nada te he de contrariar, oh mi Señor. 

No tengo atribución alguna de negar, 
cambiar o anular una sola de tus disposiciones o mandatos. 

Señor, amaré a quienes tú amas, recibiré a quienes tú mismo me has enviado como Apóstoles y sucesores tuyos; aceptaré a quienes tú aceptas (Mt 10,40Jn 13,20). 

Si tú amas a tu madre María, yo también la amaré con toda mi alma, con toda mi mente, con todas mis fuerzas; 
si tú me la quieres ofrecer como mi madre, 
¡Qué feliz y bienaventurado me siento por tal regalo y honor, mi Señor! (Jn 19,26). 
Yo te digo con lágrimas de gozo y gratitud: AMÉN. 

Yo recibiré en mi vida a tu madrecita María como Juan la recibió en su casa. Yo también la llevaré a mi casa, a mi corazón. 

Si tú, oh Señor, tomas la Iglesia que fundaste 

como cuerpo tuyo (Ef 1,225,23Col 1,24

y por esposa tuya (Ef 5,24-27Ap 19,721,9), 

yo solamente diré AMEN. 

Entonces te diré como María: 

“Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,38).

FELIPE: Oye, amigo Etíope, la Biblia nos advierte algo muy importante que ambos debemos conocer: podemos ser un anticristo sin saberlo. Te explico: si somos rebeldes en la fe y no reconocemos plenamente a Jesucristo como el Mesías (1Jn 1,7); si persistentemente quitamos, negamos o nos oponemos a algo establecido por Él, no le estamos recibiendo; ya no estaríamos de su parte, sino del lado del Maligno, aunque creamos o aparentemos lo contrario e invoquemos infinidad de veces el nombre de Jesús. Muchos son los que permanecen en esto inculpablemente por desconocimiento de la verdad de la fe.

Pongamos un ejemplo:

Imagínate una función de teatro titulada: “¿CON JESUCRISTO, SIN MARÍA, SU MAMÁ?Mientras suben y bajan el telón se desarrollan las siguientes escenas:

Escena 1: Alguien se enamora y dice: “Te amo muchísimo, te amo tanto que quiero compartir todo mi tiempo contigo. No quiero hablar nunca con tu madre, no quiero ver nunca a tus familiares, ni a tus amigos; es más, quiero que los eches cuando estén cerca, porque sólo quiero compartir mi vida entera contigo y te amo”.

Escena 2: Por otro lado podría decir: “Te amo muchísimo, te amo tanto que quiero compartir todo mi tiempo contigo. Tu mamá es bienvenida a visitar nuestra casa;  tu familia es mi familia y tus amigos son mis amigos. Amaré a quienes tú ames. Somos una sola carne y aceptaré a todos a quienes tú aceptes”.

Ahora te pregunto:

Etíope, ¿Cuál de las dos escenas se parece más a la manera como uno debe recibir a Jesucristo?

ETÍOPE: Me parece que la segunda escena

FELIPE: Yo opino igual que tú. Fijémonos en nosotros mismos: si alguien nos quita a nuestra madre o nos separa de ella y/o de nuestros amigos; si alguien anula o desconoce voluntariamente las decisiones que tomamos, significa que ya no nos está aceptando como somos, pues nos está condicionando. Nos está negando, aunque luego diga que nos quiere, que nos ama mucho y hasta nos dedique muchos versos, poesías, canciones, honores y demás.

Para poder recibir plenamente a Jesucristo, y no a medias, debemos actuar como en la segunda escena; recibir e incluir en nuestra fe a la Virgen María, los Santos, la Iglesia y a quienes Jesucristo eligió como sus Apóstoles y sus respectivos sucesores hasta nuestros tiempos. A Cristo se le recibe al comerle en la Hostia consagrada y cuando se obtiene la absolución de los pecados por medio del sacerdote, único administrador del sacramento de la confesión (Mt 18,18Jn 20,22-23Hb 5,1-3Hch 19,18-19Sal 31,3).

La palabra ‘Católico’. Testimonio de un amigo

Un amigo me escribió por Facebook y me contó un sueño que tuvo. Aquí lo traigo para compartirlo con ustedes: “Tuve un sueño muy especial, un amigo me preguntó: ¿Por qué lees la biblia? ¿Eres EVANGÉLICO?; y yo le dije: Si, soy evangélico,  porque predico el evangelio que es la buena nueva de que Dios es amor.”  El amigo me vuelve a preguntar “¿Pero, qué tipo de evangélico eres? y yo le digo: ¿Qué tipos conoces?; él me dice: “Bueno, yo conozco ADVENTISTAS” y yo le respondí: Sí, SOY ADVENTISTA porque estoy esperando la segunda venida de Nuestro Señor JESUCRISTO.  Le pregunto: ¿Qué otro tipo de Evangélico conoces?, y me dice PENTECOSTALES; y le digo: “Pues, yo soy Pentecostal, porque mi Iglesia inició su evangelización el día de Pentecostés”. Él se molesta un poco y me dice… “Ahora me vas a decir que eres BAUTISTA también”; y le digo: “Pues, sí, también; porque fui bautizado y he sido padrino de bautismo. También soy bautista…” Poco falta para que me digas que también eresPRESBITERIANO. Espontaneo me salió contestarle que sí, le expliqué que en cada Parroquia tenemos un “Presbítero” y le decimos también “Párroco”; le di el nombre del presbítero de mi Parroquia.

Así siguió aquel amigo: “¿Por qué no me dices que también eres EPISCOPALIANO? Le respondí: “Tú mismo lo has dicho, también soy Episcopaliano. Nosotros estamos organizados en todo el mundo y en mi país tenemos la Conferencia Episcopal Venezolana”.  Entre una sonrisa en sus labios y el silencio mi amigo ya no sabía que decirme; sólo se le ocurrió, después de unos segundos, preguntarme si también yo era Testigo de Jehová. Allí le respondí: “Ya va. Corrijo… Testigo de Dios. También lo soy pues ya hice el Sacramento de la Confirmación. Y si te contara todas las veces que mi catequista nos insistió que hacer la Confirmación es convertirse en Testigo de Jesucristo”.

Hasta que por último le digo a mi amigo: “Como puedes darte cuenta soy Universal y eso quiere decir CATÓLICO”. Espero les sea útil este sueño, siento que fue el Espíritu Santo quien lo iluminó. Muchísimas Gracias y Bendiciones.

(Denny Yépez, Upata, Venezuela)

ORÍGEN DE LA PALABRA “CATÓLICO”

Muchos son los que niegan que Jesucristo fundó la Iglesia Católica simplemente porque la palabra “CATÓLICA” no aparece en la Biblia. La palabra CATOLICO es de origen griego y significa Universal, incluso según algunos expertos puede traducirse también como auténtica o verdadera.

Fue San Ignacio de Antioquia, el primero en utilizar la palabra “Katolica” para referirse a la Iglesia. San Ignacio de Antioquia fue discípulo del Apóstol San Juan y según la Tradición fue ordenado Obispo de Antioquia por San Pedro, y camino a Roma para ser ejecutado en el Circo Romano alrededor del año 107 d.C. redacto siete cartas a siete Iglesias que estaban en el camino de Antioquía a Roma. Y fue en estas cartas donde calificó a la Iglesia Cristiana de “Católica”.

Este es el texto íntegro de donde se originó la palabra CATÓLICA para identificar a la Iglesia de Jesucristo:

Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de ancianos (presbíteros) como a los Apóstoles. En cuanto a los diáconos, reverenciadlos como al mandamiento de Dios. Que nadie sin el obispo haga nada de lo que atañe a la Iglesia. Sólo aquella Eucaristía ha de ser tenida por válida que se hace por el obispo o por quien tiene autorización de él. Dondequiera que aparece el obispo, acuda allí el pueblo, así como dondequiera que esté Jesucristo, allí está la Iglesia Católica. No es lícito celebrar el bautismo o la eucaristía sin el obispo, pero lo que él aprobare, eso es también lo agradable a Dios, a fin de que todo cuanto hagáis sea firme y válido.